¿Sueñan los dubaitíes con cacas invisibles?

¿Sueñan los dubaitíes con cacas invisibles?

Qué paliza nos dieron con el fulgor del hiperdesarrollo de Dubai. Cuanto no leímos sobre las faraónicas construcciones del jeque Mohamed bin Rashid Al Maktum que querían convertir un polvoriento desierto en el enclave turístico de lujo más deslumbrante del planeta. ¿Recuerdan las islas artificiales con forma de palmera o de mapamundi? Allí se ataban los perros con longanizas deconstruidas por Adrià, los yates con sogas de grafeno y las chilabas de Dior con cordeles de adamantium. Hasta parecía que los culos se limpiaban con hojuelas de pan de oro. Y hasta debieron esperar que las heces de los dubaitíes se transmutaran en lluvia de maná. Pero, diablos, continuaron siendo caca de la buena. Y se han encontrado sin red de alcantarillado para eliminarla convenientemente. Así que ahora millonarios y trabajadores en régimen de semiesclavitud al fin tienen una cosa en común: todos se reencuentran con sus defecaciones cuando se bañan en las playas.

Toda la magnificencia del enclave no incluyó esa infraestructura tan útil llamada alcantarillado y que dicen que inventaron los romanos. Dubai desde el principio apostó por las fosas sépticas, incluso para los rascacielos de sopotocientas estrellas. La ‘revolucionaria’ idea era trasladar los residuos fecales en camiones cisternas a un planta de tratamiento. Si hubiera pasado en España, sabríamos que el genio que planteó este sistema era el cuñado de un concejal. Seguro.

La ciudad supera ya holgadamente los dos millones de habitantes. No voy a calcular el volumen de heces y orines que tal cantidad de gente genera al día, aunque sería un divertido ejercicio. Basta con saber que cuando un camión cisterna llena su carga, sabe que tiene 24 horas de espera tras otros camiones con idéntico porte antes de poder depositarla en la planta de tratamiento de residuos. Lo contaba Kate Ascher en ‘The Heights: Anatomy of a skyscrapper’, la BBC se hacía eco del problema y lo confirma el vídeo que acompaña estas líneas.

Como era inevitable, los conductores de los camiones optan a menudo por el vertido ilegal de las aguas grises en pozos de aluvión (donde las lluvias acaban llevado las heces al mar) o directamente en el mar. De modo que no son aislados los casos en los que las playas amanecen invadidas por heces flotantes. El supuesto paraíso del turismo de lujo, convertido en estercolero.

Dicen que está en marcha la construcción de otra planta de tratamiento de residuos, aunque dada la amenaza de quiebra que pende sobre Dubai World, es razonable albergar dudas al respecto. Incluso aunque llegue a ser hecha, el sistema de fosas sépticas y camiones está condenado a quedar siempre obsoleto y ser insuficiente, amén del crimen ecológico del dispendio en combustible para transportar caca. ¿Cómo pudieron levantar este complejo de lujo sin pensar en las aguas fecales? Por mucho dinero que el petróleo les proporcione, una cosa nunca podrán cambiar: ricos y pobres somos iguales tras las puertas del excusado.

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