Hansel y Gretel

Hansel y Gretel

La Final de Champions perdió algo de su glamour al llegar dos equipos sin el terciopelo que envuelve las nobles casas inglesas, españolas e italianas. Bayern, Borussia y su Bundesliga no levantan las pasiones universales del United, Chelsea, Barça, Madrid, Milán o Juventus, cualquier otra combinación habría resultado más seductora. A pesar de su poderosa personalidad, por él pasaron todos los ídolos de laMannschaft, el Bayern ocupa la posición número 12 de los clubes más populares del mundo, el Borussia no entra siquiera en la lista de los 20 primeros. Apenas tiene seguidores cruzando Dortmund. Asistimos por tanto a un partido de futbol sin pasteurizar. Con poca interferencia mediática la Final no provoca un fenómeno ‘fan’, a cambio ofrece un ejercicio de sensatez con dos equipos enérgicos, de físico satinado y táctica solidaria. Ambos cumplen los requisitos del mejor juego alemán, salen a ganar, pero se parecen poco. El bávaro es un futbol de talento motorizado, muy regio. El prusiano más rítmico tiene detalles románticos: el gusto por la pelota, la pausa y la salida controlada; asume por vocación riesgos que lo vuelven un equipo más heroico y emotivo que el Bayern, un cuadro diesel todoterreno menos elocuente. Mucho menos se parecen sus aficiones, unos son muy Klopp, alternativos casi hippies, y otros muy Heynckes, más ejecutivos. La frialdad de Alemania es un viejo mito, su pueblo es cálido y festivo, Londres lo acoge en ese estadio donde los hombres entran por un túnel y aparecen en otra época. Wembley amasa campeones, tiene el poder de dominar la historia, es una máquina del tiempo, convierte en estatua a los futbolistas y entrega las llaves del campo a los clubes que logran salir de aquí.

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo/http://www.milenio.com

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