Enfermedad crónica

 Enfermedad crónica

¿Qué pasaba cuando no había crisis? Prácticamente vamos olvidando que se sentía en la normalidad asociada a un crecimiento constante, más o menos alto, y a una estabilidad en el empleo. Hoy, sin embargo, se suceden las noticias de un derrumbe por etapas. Van cayendo empresas y fundaciones, va apagándose la cultura y los planes de desarrollo futuros. Más que aguardar a que las cosas vayan mejor, se teme que la tendencia hacia lo peor se haya instalado de un amanera tan honda como irreversible. En estas condiciones, el mismo gobierno español, y el francés y el portugués o el italiano presentan una imagen de debilidad y decadencia que les hace aparecer como estampas sin densidad, cuerpos sin músculo, visiones nubladas. ¿Un líder? Tendría que tratarse de alguien llegado del más allá para no verse contagiado por la epidemia del más acá. Porque si de alguna manera directa puede tratarse la situación es aquella que evoca a las atenciones que demanda un enfermo de anemia, de leucemia, de fibralgia. Todo es vulnerable y todo duele. Al punto de que los periódicos habrán de consumirse no ya por la competencia de las tabletas o Internet sino por la misma consunción de sus materiales caducos. En la Historia se tuvo como románticas y voluptuosas a las épocas de decadencia. Después fueron exaltadas como puntos de inflexión puesto que en sus nidos se habían ido componiendo las fórmulas nuevas para vivir progresivamente, más confortablemente y más creadoramente. Pero ¿ahora? Esta decadencia sigue una trayectoria vertical que no permite el cuenco correspondiente a las incubadoras. Cae en picado, hacia el centro de un magma que, si Dios no lo impide, acabará quemándonos a todos y a todo. A la manera de un fuego purificador. Es bueno ser creyente para poderse contar esta historia sagrada. Pero justamente cuando menos fieles existen y el agnosticismo crece habría que hacer frente a la situación. ¿Hacer frente? La sensación es que las fórmulas de curación, los recurso a la clínica o a la política económica no son suficientes y puesto que prácticamente nada mejora ¿cómo no volver a pensar en la Revolución?

Vicente Verdù

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