El mejor sentimiento del mundo

Por: Juan Arias

MiuraNo ha sido la hazaña del japonés Yuikiro Miura que el jueves pasado, a sus 80 años y siete meses, ha conseguido la hazaña de escalar el Everest con sus 8.850 metros de altura lo que me ha emocionado.

Ni ha sido el hecho de que, por segunda vez, Miura haya conseguido el título de ser la persona más anciana del mundo a conquistar el punto más alto del Planeta. La anterior la realizó con 72 años.

Ni siquiera que lo haya conseguido después de haber sufrido cuatro operaciones al corazón y de haberse quebrado la pelvis y el hueso del muslo izquierdo en un accidente de esquí en 2009.

Lo que me ha emocionado ha sido su frase al poner el pie en el pico del Everest:“Es el mejor sentimiento del mundo”, le dijo por radio a su hijo Gota.

En un mundo en el que a veces los jóvenes ya han perdido la ilusión de la vida y se sienten viejos y descorazonados, y los adultos nos presentamos cansados y deseando jubilarnos, casi derrotados por la existencia, observar a ese alpinista de 80 años, con su corazón reparado ya cuatro veces, sentir la  sorpresa y la admiración de un niño al exclamar que acaba de experimentar “el mejor sentimiento del mundo”, en un éxtasis de felicidad, es sin duda una lección para todos.

Miura nos ha recordado con seis palabras que no existe edad para seguir sorprendiéndonos de la vida; para realizar sueños; para superar nuestros límites.

En la facultad de Psicología nos decían nuestros profesores que envejece sólo el que “ha perdido la capacidad de sorpresa y de emoción” y que se puede hasta “morir soñando”.

Junto con la frase del alpinista que dijo experimentar “el mejor sentimiento del mundo”, lo que he admirado en él al leer la noticia de su proeza ha sido que no se considera ningún superman.

Al contrario, en el mensaje a su hijo le confiesa: “nunca imaginé que pudiese volver a escalar el Everest a mis 80 años”.

Podía haber querido aparecer como alguien que desafía a la naturaleza, que llegaba allí fresco como un joven. No. Admitió con toda naturalidad al llegar a la cumbre que estaba feliz pero “exhausto”. Y repartió, para quitarse importancia, el éxito de su hazaña con su equipo al que calificó de el “mejor del mundo”

O sea, seguía siendo humano, con los límites que nos impone la naturaleza. Se sintió exhausto, pero con el temblor dulce en su alma de que sólo es imposible lo que nosotros creemos que lo es.

El resto es una ventana siempre abierta a la posibilidad de realizar y a cualquier edad, lo que queremos de verdad.

Y si no lo conseguimos (Miura podía no haber resistido hasta llegar a la cumbre), por lo menos lo hemos intentado.

Es ese querer conseguir lo que amamos lo que permite un día, de repente, experimentar “el mejor sentimiento del mundo”, como el valiente alpinista japonés.

La vida es también eso: capacidad de sorprender y sorprendernos cada día.

En nuestra mochila de viaje tienen que estar siempre juntas nuestras derrotas y nuestros sueños en espera de ser realizados un día.

http://blogs.elpais.com/vientos-de-brasil

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