De mocòrdos y batallas navales

mierda
No se si les haya pasado que llegan a un baño publico con retortijones y se encuentran la taza llena, toda una flota de buques, acorazados, fragatas, submarinos, hasta portaaviones, navegando por aguas negras y en dècimas de segundo tienen que decidir si deciden liberar a Willy o posponer la libertad para después, ya sea que se desocupe alguna taza vecina o arriesgarse a que la ballena harta del cautiverio, se de a la fuga en un momento y lugar inapropiados.

Al final, la decisiòn casi siempre es soltar el lastre. Hay que hacerlo con mucho cuidado, no puedes soltarlo como clavado de plataforma olimpica, la salpicadura provocada por el panzàzo seria fatal.

Hay que deslizàrlo con sumo cuidado, como el sedal de un aparejo en el agua. No es sencilla esta operación, sobre todo si estas aguantando la respiración para no aspirar las emanaciones producidas en la batalla naval que esta teniendo lugar debajo de tu trasero. Para colmo, con la urgencia de la evacuaciòn del mocordo no nos fijamos si habìa papel ,su ausencia es “un clàsico” de los baños pùblicos.

La ùltima vez que me pasò, afortunadamente llevaba la secciòn de polìtica de un periodìco. Lo desagradable de la situación, se pudo contrarrestar con la satisfacción de poderme limpiar el culo, con los caretos de algunos de nuestros queridos gobernantes. Por un momento me imagine que todos esos carajones eran como los partidos polìticos, allì compartìan en la alberca del sistema, el hedor y la purulencia.

Cuando salì de semejante muladar, pensè en conseguir un desatascador para destapar la alberca y ver con placer como toda esa mierda se iba para el desagüe .Pero tampoco era para tanto, no quise sacrificarme por una pinche alegorìa.

Escrito por Juan Antonio Pèrez

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