Como el Tigre de Santa Julia falleció Videla

Como el Tigre de Santa Julia falleció Videla

A mi papá, para que se sienta confortado en el otro barrio y a Irma Juárez González, mi entrañable hermana mexicana. Los dos nacieron en agosto y también fueron militares. De ahí en más, nada equipara las vidas de José de Jesús Negrete Medina, mejor conocido como El Tigre de Santa Julia y el recién fallecido (ex) dictador argentino Jorge Rafael Videla. El primero nació en Cuerámaro (Guanajuato) en 1873 y murió en 1910 con solo 37 años, en la ciudad de México, antiguo barrio de Santa Julia, actual delegación de Miguel Hidalgo. El segundo nació en Buenos Aires, en 1925, y murió el viernes pasado de 87 años.

De soldado a bandolero en la era del Porfiriato, las correrías de José de Jesús terminaron idealizadas por la leyenda y el cine como todo un Robin Hood mexicano: ladrón justiciero que robaba las haciendas de los ricos para compartir su botín con los despojados. Hasta un corrido de 1909 lo glorifica: “Sus señas eran las balas/su santo el mismo Cupido. /Ladrón fue de los ricos/y un chacal sanguinario,/vengador de los pobres/y entre todos temerario (…)”.

Todo lo contrario al terrorista de Estado Videla, que robó para los ricos y exterminó a millares de ciudadanos inermes (los menos eran la guerrilla armada) para imponer a sangre y fuego el modelo neoliberal.

Una muerte, la de Videla, que ocurre por cierto a poco de que se cumpla una década de kirchnerismo, cuando el 25 de mayo de 2003 asumió la presidencia el hoy fallecido Néstor Kirchner con el compromiso de aplicar a fondo la justicia al anular las leyes de amnistía e impulsar nuevos juicios a los jefes de las tres juntas militares (1976-83): Videla, Emilio Massera, Roberto Viola, Leopoldo Galtieri y Reynaldo Bignone, hoy de 85 años y el único de los ex dictadores aún vivo (y también preso).

Pero la Historia es una maestra de la ironía, porque si bien El Tigre de Santa Julia y Videla no vivieron igual, al final del camino algo los hermanó en su desventura: José de Jesús fue capturado en 1906 cerca de su casa mientras defecaba en una nopalera y llevado a la prisión de Belén, donde sería fusilado en 1910, mientras que a Videla la muerte lo sorprendió también in fraganti, sentado tras las rejas en el inodoro, los pantalones abajo… La peor imagen de sí mismo para tan soberbio criminal.

Irene Selser/http://www.milenio.com

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