Amor con flemas

Amor con flemas

Resulta sorprendente que nuestras modelos y actrices, nuestros toreros, los futbolistas, cantantes y otras especies de la vida mundana se enamoren con tanta facilidad, rompan enseguida unas relaciones que se suponían sólidas e idílicas y vuelvan a enamorarse sin haberse tomado siquiera un respiro, con una facilidad que no deja de asombrar a quienes, como yo, consideramos casi un exceso sentimental habernos enamorado cuatro veces en cincuenta años. ¿De verdad se enamoran tanto como dicen ellos y proclaman los programas televisivos o la prensa rosa? ¿No resulta sorprendente que muchos de esos enamoramientos suceden cuando se trata de relanzar la carrera decadente de alguien o se pretende promocionar su película más reciente o su último disco? Yo lo siento por mis colegas de la prensa rosa, pero creo que son cómplices de una gran patraña cuyos fines no son en absoluto sentimentales, sino descaradamente comerciales. El enamoramiento no puede ser ese asunto trepidante, frívolo y superficial que ellos retratan con una prosa recargada de frases hechas, ensambladas en textos manidos que tendrían que ser considerados la obvia demostración de que hay una prosa que más que para la lectura parece indicada para su fácil conversión en albóndigas o en flemas de menta para ser disparadas como goma arábiga en la escupidera. Esos excesos sentimentales urdidos por agencias especializadas y jaleados por la prensa rosa resultan tan artificiosos como que cualquiera de esas criaturas de veinte o treinta años publique sus memorias en un momento de su vida en el que ni siquiera ha tenido tiempo de que le ocurra la mitad de las cosas que le sucedieron a su abuela, aquella mujer silenciosa y abnegada que, ansiosa por disfrutar de un sentimiento sublime, hizo lo imposible por enamorarse de su marido un instante antes de que una bronquitis mal curada la dejase viuda. Yo preferiría no enamorarme por quinta vez, sobre todo porque temo que con el dinero de mi divorcio se quede con mi chica el abogado.

José Luis Alvite/larazon.es

Pintura de :  Roy Lichtenstein,

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