Y ahora llega el “papa negro”

Por: Juan Arias

Dentro de unos días la Iglesia tendrá un nuevo papa. Esta vez se trata del “papa negro”, el nuevo jefe mundial de la Compañía de Jesús, que nació en España, para ser el ejército del papa blanco.

El Superior general de los jesuitas, que tras la renuncia al cargo del padre holandés, Peter-Hans Kolvenbach, será elegido los próximos días, es conocido tradicionalmente como el “papa negro”, porque hubo un tiempo en que tenía un poder en la Iglesia que emulaba al del Pontífice

El Superior de la Compañia fue considerado siempre la persona más influyente en la Iglesia católica después del papa. Y viste de negro.

Además, la Compañia de Jesús que él dirige es la única de la Iglesia cuyos miembros profesan un cuarto voto, el de “obediencia al Papa”, además de los tres tradicionales, de pobreza, castidad y obediencia. Por último, es el único Superior general de órdenes y congregaciones religiosas cuyo

cargo, como el del papa, es vitalicio.

El Padre Kolvenbach pidió, como excepción, al  dimisionrio papa Benedicto XVI poder dejar el cargo por motivos de salud, lo que le fue concedido.

Ahora, representantes de la Compañia de todo el mundo están reunidos en la Casa Generalicia de Roma, que se encuentra frente a los aposentos pontificios del papa blanco, para elegir a su nuevo papa negro.

Cuando los papas vivían en los aposentos pontificios (el papa Francisco sigue viviendo en el hotel de Santa Marta) la ventana del Papa y la del General de los jesuitas estaban frente a frente, separadas sólo por la plaza de San Pedro.

Esta vez, la elección del papa negro reviste un simbolismo y una importancia mayor que nunca en la historia de los jesuitas, porque su nombramiento será ratificado por el nuevo papa Francisco, el primer papa jesuita de la historia de la Iglesia.

Dos papas y dos jesuitas, los dos de una institución religiosa que ya ha sido perseguida y extinguida a lo largo de los siglos, no sólo por el poder civil sino también por el mismo Vaticano. Nacida en 1540, fue disuelta por el papaClemente XIV en 1773. Y fue de nuevo rehabilitda por el papa Pio VII cincuenta años despues.

ARRUPE con Juan Pablo II Más cercano a nosotros, el papa Juan Pablo II, que en su pontificado privilegió al Opus Dei, obligó a arrodillarse a sus pies al entonces Superior general de la Compañía, el español, padre Pedro Arrupe. Le acusó de haber llevado la Compañia a una politización a la izquierda, sobretodo en América Latina, donde varios jesuitas acabaron siendo asesinados por las milicias de derechas que combatían las guerrillas de izquierdas.

Arrupe estaba en Hiroshima cuando sobre la ciudad fue lanzada la bomba atómica. Como era médico ayudó aquel día a cuidar de los heridos. “Tuve que operar heridas en la calle con unas tijeras de cocina” nos contó a un grupo de periodistas en Roma. Y alabó la entereza de los japoneses heridos que trató sin anestesia.

Un día, Arrupe me confió que el Concilio “había convertido a la Compañía”.Y añadió: “Ahora cuando vemos actuar al Opus Dei, que se interesan sobretodo por las élites de la sociedad, es como mirarnos en un espejo para decir: “así fuimos, y así no deberemos volver a ser”. Y pidió a a los soldados de la Compañía que fueran a buscar a los pobres a la periferia del mundo.

Cuando el padre Arrupe tuvo un derrame , en la década de los 80, el papa Wojtyla sorprendió a la Compañia colocándole para gobernarla interinamente a un representante suyo para impedir que continuase aquella conversión de la Compañía a la izquierda. Los jesuitas obedecieron, pero llegaron a calificar aquella intervención papal como una “ley marcial vaticana”.

¿Será el primer papa jesuita quién abrirá el proceso de beatificación del padre Arrupe considerado por los suyos como un “verdadero hombre de Dios”?

Podría hasta darse el caso que fuera el papa Francisco quien acabara santificando tanto a Juan Pablo II como al padre Arrupe, los dos religiosos que un día se vieron duramente enfrentados.

Así de curiosa es a veces la vida.

El nuevo General va a ser elegido, por voto secreto, en el cónclave jesuítico, por los “cardenales” de la Compañia, aunque sin “fumata bianca”. Según las reglas jesuíticas, el primero que deberá conocer el nombre del nuevo Superior general, deberá ser el Papa, que es también un jesuita.

Y aquí radica la importancia de este nombramiento. La persona designada para llevar el timón de los jesuitas del mundo lo hará durante el pontificado del primer papa que la Compañía ha tenido en la historia milenar de la Iglesia. Negar que el papa Francisco, directa o subliminalmente tendrá un influjo decisivo en dicha elección, sería ingenuidad.

Se ha llegado a decir que no todos en la Compañia de Jesús, con un ejército de 20.000 religiosos volcados en la educación, las misiones y la investigación científica y teológica, han aplaudido la elección de Bergoglio. Algunos hubiesen preferido a otro jesuita, no a él. ¿A alguien, quizás, más jesuita y menos franciscano? Difícil saberlo. El secreto es una de las características de los jesuitas.

El nombramiento del nuevo “papa negro”, con voto secreto, podrá sin embargo dar luces acerca del tipo de Superior general que la Compañia va a ofrecerle al papa Francisco. Podrá ser alguien en la línea de la revolución que él ha empezado a pergeñar con su pontificado hecho de símbolos y gestos inclinados a hipotizar una Iglesia “pobre y de los pobres”, o al revés, alguien en una linea teológica y pastoral diferente a la que caracteriza al nuevo papa.

Es algo fundamental para el pontificado de Francisco. La Compañia de Jesús, con su gran influjo en toda la Iglesia y más allá, podrá ser, o su mejor aliada, como lo fue el Opus con Juan Pablo II, sosteniendo la “revolución franciscana” de Bergoglio, o bien un freno a la misma.

El primer test será saber si el nuevo General será una vez más un europeo, o si los jesuitas irán a nombrar a alguien “de muy lejos de Roma”, como hicieron los cardenales con el Papa.

Pronto lo sabremos, aunque conocida la rígida obediencia de la Compañia al Papa, todo hace pensar que seguirán en su elección la línea de renovación ya trazada por su jefe mayor en el primer mes de pontificado.

A los primeros jesuitas, su fundador Ignacio de Loyola les exigía obedecer al papa“perinde ac cadaver”, o sea, “como un cadáver”. Aunque aquellos eran otros tiempos. Fue hace 500 años. Desde entonces ha llovido mucho sobre la Iglesia y sobre la Compañía.

Lo que no ha cambiado es la fuerza que sigue ejerciendo  ese ejército creado por Ignacio de Loyola dentro de una Iglesia hoy en manos de uno de los suyos.

La GregorianaLa Universidad Gregoriana de Roma dirigida por los jesuitas donde estudiaron varios papas.

http://blogs.elpais.com/vientos-de-brasil

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