Pájaro con cejas

Pájaro con cejas

Tal vez los venezolanos tengan que elegir entre dos errores, como sucede cuando los valores de la democracia han sido pervertidos por quienes actuando en su nombre en realidad sólo persiguen controlarla, o pretenden restringirla, incluso acabar con ella. Suele ocurrir que los valores democráticos se considera que están más asentados en los países septentrionales y cartesianos, entre los pueblos calvinistas y fríos, y que se malogran al descender en el mapa, hasta pervertirse donde escasean la filosofía y los abetos y son fértiles la pasión y la papaya, casi siempre en países tórridos y glandulares en los que medran impulsivamente los instintos, las hordas y el manglar. Terrible dilema el de elegir entre lo que nos sugiere la cabeza y aquello otro que nos dicta el sexo, es decir, entre el cerebro y el escroto. Parece obvio que el calor vacía

las bibliotecas y llena las playas, del mismo modo que parece cierto que por encima de cierta temperatura meteorológica la religión se degrada en santería, a lo coroneles se les meten entre las piernas los huevos de sus caballos y aparecen líderes políticos como Nicolás Maduro, ese señor supersticioso y entusiasta al que su inspiración no le viene de los libros, sino de ese alegórico pajarito eucarístico en el que por lo visto se le manifestó el comandante Hugo Chávez con aplastante naturalidad de mística multimedia tropical, igual que se le aparecía a destiempo la Virgen María a Pitita Ridruejo en una época en la que España salía por fin de la oscuridad de las supersticiones y los ciudadanos nos entregábamos al placer casi lisérgico de aquella democracia entusiasta y primeriza en la que nos creímos capaces de amasar el pan con la sangre de la guerra y la tierra del cementerio, hasta que nos dimos cuenta de que teníamos en la cabeza el mismo pájaro que pone sus difuntos huevos sin yema entre las cejas chaparrales de Nicolás Maduro.

José Luis Alvite/larazon.es

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