El sueño

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Entonces Mariano Rajoy, Presidente del Gobierno de España, golpeó con el puño y con contundencia la mesa. Ángela Merkel amagó hacia atrás, asustada. «Me dejaron una España en la ruina. Prometí bajar los impuestos y los subí. Cuando me hice cargo del Gobierno tenía algo más de cinco millones de parados. Ahora superan la cifra de seis millones. He cumplido a rajatabla con la rígida política de ajustes que me habéis impuesto en Europa. Un cumplimiento rígido que no he sabido compaginar con un impulso al crecimiento. Te he entregado, a ti y al resto de tus esclavos de Bruselas, la soberanía de España. He anunciado una mejora para 2014, y mi ministro Guindos me ha dicho que “evientmente” no vamos a cumplir con nuestro vaticinio. Aunque no me he atrevido a reconocerlo, mi ministro de Hacienda Montoro me anima a subir el IRPF y el IVA. Le he recomendado que no mueva nada hasta que yo estime que el movimiento es imprescindible. Pero no te preocupes, Ángela, que intentaré compensarlo con otros impuestos. No he dado la cara después del Consejo de Ministros porque se me cae la ídem de vergüenza. He retardado mis explicaciones para dentro de diez días, porque ahora mismo, Ángela, en este momento en el que te hablo, carezco de argumentos convincentes.

Tienes razón en mi incapacidad para detener la hemorragia del derroche del Estado. Y no puedo negarte que estoy siendo muy pusilánime con la corrupción en mi partido, en el de la oposición, en el resto de las formaciones políticas y en la administración de las autonomías.Y también que mantengo la mayor parte de las subvenciones que despilfarraban los Gobiernos de Zapatero. Los sindicatos, Ángela, viven gracias a mí, y encima me toman la calle y me putean hasta el agotamiento. Los jóvenes no encuentran trabajo, y los universitarios más brillantes se licencian y doctoran en el paro. Muchos se han ido contigo, a Alemania. Pero tienes que reconocerme que todo esto lo he hecho porque tú y tus esclavos me lo habéis exigido. Y ya no aguanto más, Ángela. He decidido recuperar la soberanía de España. Voy a iniciar las gestiones para abandonar la zona euro y volver a las pesetas. Peor que ahora no vamos a estar, y de paso, os fastidio a todos, porque la salida de España del euro generaría una crisis en la Unión Europea de muy difícil solución. Voy a llamar a Cameron, que también está harto de ti y de tus exigencias. Estoy de acuerdo en que para España, abandonar el euro sería trágico y dramático, pero no me negarás que con el euro todo se ha encarecido, y la tragedia y el drama de millones de españoles me los tengo que desayunar un día sí y el otro también. Voy a cambiar a los ministros económicos porque no han sabido ser rigurosos y, simultáneamente, flexibles. Y con los separatismos no voy a tener contemplaciones. Ahí, Ángela, estarás conmigo. ¿Qué harías tú con una Baviera separatista? Lo contrario que yo hasta ahora. Reaccionarías inmediatamente y no ofrecerías a los bávaros componendas económicas a cambio de su lealtad. En la Constitución Española se contempla la supresión de las autonomías cuando éstas son desleales, y la inmediata recuperación de todas las transferencias por parte del Estado. Te aseguro, Ángela, que no me va a temblar el pulso. Y también estoy dispuesto a enfrentarme, política y judicialmente, al entorno del terrorismo en las provincias vascas. Pero lo preocupante es esa cifra que supera los seis millones de parados, que prueba el fracaso de mi Gobierno. Mucha parte de la culpa la tienes tú. Te he obedecido, me he humillado y te he entregado España para que la manejes. Pero se acabó, Ángela. Nos vamos. Saldremos de ésta. Dos años más de recesión pueden derivar en una revolución violenta. Si convenzo a Cameron, y España y el Reino Unido dejamos de estar a tus órdenes, nos salvaremos. Porque los españoles están hartos de mí, y con muchas razones para estarlo. ¿Lo has entendido, mona?».

Pero era un sueño.

Alfonso Ussía/larazon.es

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