¿Cuánto durará Maduro?

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Qué espanto, lo de Venezuela. Y es que siempre se puede estar peor. El otro, con todo y sus mamarrachadas, era el producto original. Éste, que también va de bufón, es una mala copia. Aunque, vaya que mete miedo con sus bravuconadas y sus odiosos desplantes.

Dicen que es tonto. Pues, más mala aún la cosa porque la perversidad sin la prudencia, poca o mucha, que te pueda aportar la inteligencia se vuelve una cuestión muy peligrosa.

La pregunta obligada es cómo ha llegado hasta allí un país que, mal que bien, celebraba elecciones razonablemente confiables y parecía tener instituciones con una mínima solidez. Pero, justamente, el progresivo desmoronamiento de la tal República Bolivariana de Venezuela se lo debemos al talento de Chávez: fue moldeando poco a poco el entramado institucional hasta dejarlo a su medida. Al final, con un Congreso a modo y un Poder Judicial a su servicio, sus facultades fueron absolutamente desproporcionadas; las mismas atribuciones de un autócrata y, miren ustedes, sin disparar un tiro y sin perpetrar un golpe de Estado sino aprovechando meramente la propia vulnerabilidad del sistema democrático.

Porque estamos hablando de un personaje que fue elegido en votaciones libres pero que se sirvió de la legalidad para ir ganando terreno hasta que, de pronto, no hubo ya equilibrio alguno entre los diferentes Poderes ni esos acostumbrados contrapesos que, en las democracias liberales, obligan a la rendición de cuentas y ponen límites bien claros a las intentonas personales.

Con Chávez surgió no solo una nueva casta de nuevos ricos que saquean impunemente las arcas gracias a sus enchufes con el poder sino una clase de pobres engatusados a punta de asistencialismos financiados por los recursos

petroleros. Maduro, que hereda la inflación más alta del subcontinente y que tendrá que seguir complaciendo a sus clientelas a pesar de que los dineros públicos ya no alcanzan, no lo tiene fácil. A ver cuánto dura en el cargo, antes de terminarse de llevar a Venezuela entre las patas.

Romàn Revueltas/http://www.milenio.com

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