Somos gordos y perezosos

Somos gordos y perezosos

La virtud es un bien de consumo cada vez más inalcanzable. Los ciudadanos de la modernidad debiéramos beber menos alcohol, tener menos adicciones, consumir menos comida chatarra, llevar una vida menos sedentaria y desperdiciar menos tiempo en navegaciones perfectamente inútiles en internet. Pues, no: resulta que seguimos empantanados en prácticas muy poco saludables. Y eso, a pesar de las advertencias que nos lanzan machaconamente científicos y especialistas de primer nivel.

Es cierto que es muy difícil separar lo verdaderamente sustantivo de lo redundante en esas informaciones que nos llegan todos los días. Por ejemplo, ya no hay manera de saber si la cafeína es perjudicial para nuestros organismos o si es altamente benéfica; tampoco podemos declarar de manera contundente que el consumo de alcohol sea un factor que ayuda a disminuir el colesterol malo o si es meramente una sustancia esencialmente dañina que te va destruyendo poco a poco el sistema nervioso; la grasa animal es muy poco aconsejable en la dieta diaria, pero no faltarán por ahí el nutriólogo o el doctor en bioquímica que nos revelen su absoluta importancia para restaurar este u otro equilibrio en el metabolismo de los alimentos.

Vivimos en un entorno de enorme preocupación por la salud y de avasalladora proliferación de teorías sobre todos los posibles ingredientes que podemos ingerir en el inevitable ritual cotidiano de la alimentación. Pero, nos hemos vuelto, al mismo tiempo, una sociedad de gordos consumidores de comida chatarra, una especie de cofradía de alcohólicos infractores y una colectividad de individuos sedentarios que sobreviven, esencialmente, gracias a los prodigiosos avances de la medicina. Llegamos a viejos a punta de terapias, antibióticos y tratamientos que nos aseguran una supervivencia mal vivida pero debidamente garantizada.

Así las cosas, la primerísima responsabilidad que debiéramos asumir es la de ocuparnos directamente de nuestro bienestar. Pero, no podemos. La virtud, como decía, sigue siendo un artículo inalcanzable.

Romàn Revueltas/mileniodiario

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