Los cristianos de a pie sin asiento en el cónclave

Por: Juan Arias

Estos días, millones de fieles de a pie, anónimos, no tendrán voz ni voto en en el cónclave. Lo tienen la jerárquica, el Vaticano y la Curia Romana que están de moda. Ocupan el palco de la información los cardenales con sus codas de seda púrpura y sus anillos de oro macizo, quienes van a ser los grandes electores del papa. Está de moda la figura del papa como poder espiritual y temporal y la Historia en general del Papado.

Están en boca de todos los escándalos de jerarcas religiosos que avergüenzan el rostro de la Iglesia y que han llevado, en parte, a Benedicto XVI a renunciar a su cargo.

Se habla de las cúpulas de la Iglesia, de la gran ceremonia que se acerca en la plaza de San Pedro para la primera misa oficial del nuevo papa a la que acudirán los jefes de Estado de medio mundo para subrayar esa doble condición que el pontífice ostenta hoy de Jefe de la Iglesia Universal y Jefe de Estado temporal.

Trabajo en favelas peligrosas
¿Y los cristianos de a pie repartidos por todos los continentes? ¿Y los sin nombre y sin prensa, sin títulos eclesiásticos? ¿Y aquellos a los que su fe les ha llevado a seguir, en la fidelidad al Maestro, y trabajar codo a codo con los más pobres y olvidados de la Tierra, jugándose cada día su vida?

Pienso en los cristianos de fe sólida, apartados de las intrigas del poder del Vaticano, que no temen a esos demonios evocados por el Papa y que estarían tentando a obispos y cardenales en sus pecados de sexo y dinero.

Pienso en los que trabajan con convicción y entrega en las favelas más violentas de América Latina o de Asia, que no se protegen con coches blindados del fuego cruzado entre narcotraficantes y policía. Pienso en los que sufren en Siria y allí donde son perseguidos.

En los que trabajan en esos 114.763 centros sociales alrededor del mundo, entre ellos 577 leproserías; los que ofrecen su trabajo en las 15.208 casas de ancianos incurables y abandonados por sus familias.

Trabjando con los leprosos
En los que trabajan en miles de escuelas y guarderías de África con niños pobres, a los que dedican su vida en los 687.282 centros sociales dirigidos por cristianos anónimos en todo el mundo o en los que se dedican a los 131 centros de prevención del sida.

O en los que prestan sus servicios, muchas veces gratuitamente, en los 5.246. hospitales, una gran proporción de la asistencia hospitalaria del mundo. Pienso en toda esa inteligencia cristiana que enseña en 1.046 universidades de excelencia del mundo.

Ninguno de esos millones de cristianos, desparramados por el mundo, sin más armas y consuelo que la fuerza de su amor al prójimo en nombre del profeta galileo que defendía a toda la escoria de la sociedad, tendrá nada que decir con autoridad, sobre el nuevo papa.

Trabajando en Haiti
Ignoro si el nuevo papa, en este mundo de la comunicación global
, usará la tecnología y la ciencia para dar, en el futuro, voz a todos esos cristianos abnegados, no manchados por los pecados de sus jerarquías, que viven codo a codo con la gran miseria del mundo, a esa gran caravana olvidada de soldados de a pié, imposibilitados de participar activamente en las grandes decisiones de la Iglesia. Son la masa pasiva de la Iglesia oficial que a veces se olvida que sin ellos se mundaniza, se aburguesa, se burocratiza y resbala inexorablemente en un mundo de bajezas morales, que, como ha destacado el papa dimisionario, llegan a hacer zozobrar la barca de Pedro.

A todos esos cristianos de fe, empeñados en la ayuda a los desheredados y abandonados del poder, el reconocimiento más sincero de este blog, escrito desde Brasil, donde los cristianos de a pie ofrecen, a menudo,  ejemplo de entrega y testimonio de verdadera fe trabajando con entusiasmo allí donde los poderosos no llegan, o llegan sólo blindados en defensa de su seguridad, temerosos de perder la vida que ellos, los cristianos, se juegan cada día sin miedo y sin recompensa.

Ellos son los que impiden, a la postre, que la barca de Pedro se hunda definitivamente y los que reflejan el rostro no adulterado de Cristo. Son ellos los que dan testimonio de una fe que se encarna en las obras, a favor de todos los que el capitalismo mundial abandona a su suerte en las cunetas de la vida.

Ellos son parte, en la Iglesia manchada por los pecados del sexo, el dinero y el poder, de la gran caravana de excluidos y olvidados. A ellos, nuestro respeto y agradecimiento, en nombre de creyentes o no.

Jóvenes trabajando con comunidades pobes en BrasilJóvenes trabajando en comunidades pobres de Pernambuco.

http://blogs.elpais.com/vientos-de-brasil

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