LATINOAMERICANADAS: LA PESADILLA BOLIVARIANA

Juan Miguel Zunzunegui

LATINOAMERICANADAS: LA PESADILLA BOLIVARIANA

Han pasado 200 años y el mito latinoamericano no desaparece de la mente de esos supuestos “latinoamericanos”. Un mismo pretexto y supuesto inspirador desde hace 2 siglos: Simón Bolívar. Aquel oscuro personaje, del que hoy ya no tenemos su ser real sino la fantasía prefabricada, planeó efectivamente, a inicios del siglo XIX, que todos los territorios hispanos que se estaban liberando, constituyeran una sola nación, desde California hasta la Patagonia. A ese vuelo de opio se le sigue llamando románticamente: el sueño bolivariano.

El libertador de América planteaba una unión, gobernada, desde luego por él, que es el verdadero sueño de todos los caudillos regionales: el poder eterno. Pero además era un proyecto criollo, aristócrata, para terratenientes blancos que, libres de España, siguieran explotando el continente y a los indígenas americanos, dentro de un sistema feudal, con la Iglesia como garante del orden social, una sucursal del Medioevo en medio de la modernidad, con grandes haciendas y una riqueza basada en la explotación de recursos, mientras el patrón, blanco desde luego, como Bolívar, pasea a caballo por sus miles de hectáreas.

Ese fue el único sueño bolivariano, y es por eso increíble que se repita esa pesadilla hasta el siglo XXI. Peor aún es que un pseudo socialista dictatorial y paternalista como el camarada comandante Chávez fuera el que pretendiera encarnar los ideales del llamado libertador de América.

Desde el siglo XIX el sueño se volvió tormentosa pesadilla antes de cristalizarse; el poder era el sueño común, por lo que nadie respaldó a don Simón, y los virreinatos de Sudamérica se fragmentaron cada vez más en feudos propiedad de los caudillos locales. Más al norte, el virreinato de Nueva España nunca había estado en el mismo estado onírico que Bolívar.

Y la América hispana no sólo no se unió sino que comenzó a auto destrozarse: chile destrozó a Bolivia, que a su vez se destruía sola; Uruguay se separó de Argentina, y luego se alió con ellos para destrozar a Paraguay con ayuda de Brasil. Ecuador y Perú lucharon por fronteras hasta casi finales del siglo XX, y para colmo, el siglo XXI comenzó con Venezuela y Colombia en estado de guerra…, eso sí, a la hora de buscar culpables de la miseria, todo apunta a los imperialistas.

Comencemos por decir que América Latina no existe, y que nunca hemos sido hermanos por más que lo proclamemos. Pretendemos ser una región; pero una región es un territorio con lazos económicos que hacen que los países sean interdependientes. La realidad es que vecinos como Chile y Argentina, tienen cada uno más relación con España que la que tienen entre sí; que Perú y Ecuador procuran no hablarse, que Colombia es el Estado 51 de la Unión Americana, que las Guayanas son sucursales de Europa y Brasil jamás ha pretendido ser parte del supuesto bloque si no es para liderarlo, precisamente al estilo imperialista, aunque el idioma inglés del sur se llame portugués.

La llamada hermandad se fundamenta en que todos hablamos español, pero hay muchas cosas más que son necesarias, además del idioma, para que los países se entiendan; el ejemplo de eso se llama Europa, que se entiende en más de 20 lenguas distintas. Otro rasgo de hermandad es el catolicismo, que a la vez es el lastre de la región, y lo que más nos une, paradójicamente es lo que más negamos: el pasado común hispano.

Curiosamente el nombre de Latinoamérica se le dio al subcontinente el emperador Napoleón III, para hacer referencia al bloque que pretendía dominar. Los habitantes de este pedazo de tierra seríamos, a lo mucho, medios hermanos; digamos que cada uno tiene una madre distinta, indígena; y el mismo padre, al que todos despreciamos y le mentamos la madre: el español.

Latinoamérica no es un sueño; es una pesadilla. Es la región del mundo que menos crece, la de menos prospectivas a futuro, por debajo de África;  sigue atada a modelos de hace siglos y viviendo de la explotación de recursos no renovables, lo que tiene al continente en un camino sin retorno a la pobreza eterna. Sus actuales “líderes” no cambian ese modelo sino que lo impulsan.

Nunca ha existido la unión entre esos hermanos latinos que son como Caín y Abel, y el folclor región 4 desplegado tras la muerte de Chávez por el bloque bolivariano no es más que otro sueño de opio de una región imaginaria, que a pesar de compartir idioma, religión y parte de la historia; es incapaz de compartir lo más importante para una verdadera unión: un proyecto.

Para rematar, hay que decir que México está separado geográficamente de esa supuesta región, y atado geográfica y económicamente a Norteamérica. A mí también me caen mejor los latinos que los gringos, también prefiero el folclor andino que el River Mall de San Antonio, adoro el mariachi por encima de una Big Band, el tango me inspira más que Madonna y me sabe mejor el taco que Mc Donalds…, pero México es parte de Norteamérica y su única apuesta a futuro está ahí, en la parte del continente que SI es una región y que sí se inserta en la modernidad.

Norteamérica avanza al siglo XXI mientras una imaginaria Latinoamérica no ha pasado nunca del XIX. No me caen bien los gringos, los canadienses me dan un poco igual, aunque admiro su orden; pero esos vecinos tan distantes y distintos son con los que tenemos lazos.  Además, por más que duela, el sueño de Thomas Jefferson siempre fue superior, de más alcances, con más visión y con más futuro que el sueño de Bolívar.

Fuente: http://www.lacavernadezunzu.com

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