Las imágenes de la tortura

Estoy cerrando mi IPad. Ese, tesoro donde se encuentra todo el mundo visible e invisible; donde escribes un nombre y aparecen todas sus vergüenzas intelectuales; donde todos dejamos de ser anónimos y nos convertimos en números en un sinfín de permutaciones que van desde el Big Bang al momento actual.

Cierro mi IPad con olor a vergüenza, el sabor a vejación, la mirada abyecta, el tacto vilipendiado y el oído mancillado.

Lo que acabo de ver es repugnante. Se trata de unas imágenes fechadas en el 2004 en Diwaniya, Irak. Cuatro personajes, con trajes de guerra y el escudo de la bandera española —que no hacen sino escupir, con sus actos sobre ella— entran en un habitáculo.

—¡Que te levantes! ¡Que te levantes, he dicho!

Un pobre prisionero iraquí les mira desencajado. No entiende ni quiere entender la barbarie de golpearle hasta lisiarle. Entonces comienza durante cuarenta segundos, un festín de patadas y torturas contra el cuerpo del preso iraquí. En cada golpe, se escucha una arcada como si fuese un cúmulo de estertores que se despide del cuerpo como de la propia vida. Parecen arcadas decoradas de angustias y vestidas de desesperación.

Los ojos del iraquí no llegan a verse pero estoy convencido de que están abiertos e inyectados en sangre y pavor. Son imágenes que huelen a sudor y miedo; seguramente el mismo olor que despediría el pobre iraquí ante cuatro matones de poca monta que pretenden arrebatarle la vida, el alma y la conciencia.

Se nos llenó la boca de críticas a los cancerberos de Guantánamo y sus prácticas execrables. Vociferamos contra las tiranías de Castro, Sadam o Gadafi entre otras. Vi con mis propios ojos cómo torturaba Sadam Husein a los presos de la cárcel a Abu-Ghraib. Y entonces, el ex presidente José María Aznar mandó a las tropas españoles como adalides de la libertad cuando muchos, aquí en España, estábamos en contra de aquella guerra. Fueron defendiendo la causa de la libertad y la democracia. Por eso, había que acabar con el dictador. En fin, todo eso es muy discutible y no es el caso de parlamentarlo ahora y menos, cuando han pasado diez años de la caída de Sadam. Por cierto, que miles de inocentes murieron por el oro negro disfrazado de justificación de la libertad. Conviene no olvidar aquello.

Pues Aznar mandó a sus rangers y ahora resulta que salen a la luz pública unas imágenes terribles en las que se ve el golpe de la tortura haciendo de ello, algo de excelencia.

Ni mucho menos, los soldados que fueron a aquella causa representan a estos cuatro personajes. La gran mayoría hicieron muy bien su trabajo independientemente de que muchos estemos en desacuerdo con haber mandado a las tropas españolas a Irak.

Me ha repugnado ver esas imágenes. Es una desvergüenza para mi país. Es una desvergüenza para el ser humano.

Alberto Pelaez/mileniodiaro

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