La langosta cocinada viva para el cardenal

Por: Juan Arias

Langostas cocinadas vivas
He leído en un diario italiano que un periodista vio a un cardenal escoger en un restaurant romano a una langosta viva
 que le fue cocinada ante sus ojos.

No puedo confirmar si la noticia es cierta. Recuerdo, sí, que esos restaurantes con la pecera de langosta vivas a la entrada de algunos restaurantes, existían cuando yo vivía allí. Lo mismo que en muchas otras ciudades del mundo.

La que es conocida en Roma, cerca del vaticno es la trattoria de Venerinadonde durante años frenquentó el entonces cardenal Joseph Ratazinger, prefecto de la Congregación de la Fe, heredera del Tribunal de la Santa Inquisición, despues Santio Oficio.

En aquella trattoria, Ratzinger pedía casi siempre el mismo plato: fetuccini Porto Vieste, con gambas y calabacín. Tenián para el siempre un lugar reservado.

Trattoria de VenerinaY esa noticia me llega justo cuando acababa de leer una de las últimas investigaciones acerca de que algunos crustáceos, como las langostas, con tra lo que se pensaba, “sienten dolor” al ser cocinadas vivas.

La pregunta que enseguida se han planteado biólogos y defensores de animales, así como los especialistas en gastronomía  es si son es éticos ese comportamiento y esa delicadeza gastronómica.

En el estudio, publicado en el Journal of Esperimental Biology, se defiende que las langostas que son echadas vivas en agua hirviendo para que muriendo de esa forma su carne pueda resultar más sabrosa, perciben la misma sensación de dolor que experimentaríamos los humanos si nos echaran en una caldera de agua hirviendo y nos dejaran allí hasta morir.

Según Bob Elwood, biólogo de la Universidad Queen´s de Belfast en Irlanda, al revés de los mamíferos, estos crustáceos no gozan de ningún tipo de protección, bajo la vieja presunción de que ellas no sentían dolor como ellos.

Ahora que, a través, de una serie de experimentos realizados con choques eléctricos, que no voy aquí a explicar, se ha podido comprobar que las langostas cocidas vivas, sufren como podrían hacerlo un gato o un conejo o un niño, la pregunta es “si es ético” seguir sacrificándolas de esa forma antes de llegar a nuestro plato.

Langosta (2)
Se pregunta también si es justo infligirles tal sufrimiento en nombre de la alta gastronomía. “Cuando una langosta es echada en una olla con agua hirviendo intenta, arrastrada por el dolor agudo, agarrarse con sus tentáculos hasta llegar el borde del recipiente, al igual, dicen los biólogos, que un ser humano se agarraría con las manos en un tejado para no caer al suelo” explica David Foster Wallace, escritor americano autor del famoso escrito Piensa en la langosta. Y esa sensación que se suele tener de que la langosta al ser hervida viva “grita como un niño”, se debe en realidad, según los expertos, al ruido que hacen con sus patas para intentar huir del horror de aquel martirio.

El biólogo marino, Marcelo Pinheiro, afirma que diferenciar en la legislación sobre la defensa de los animales entre mamíferos y langostas por ejemplo, es como si entre humanos hiciésemos esa distinción con personas excluyendo a los indios.

El biólogo explica: “Cuando se trabaja con producción animal es preciso entender que es necesario matar a algunas especies de animales para alimento de los humanos, pero debemos causarles el menor sufrimiento posible, sin infligirles, como a las langostas hervidas vivas, un plus de dolor gratuito e  innecesario”.

Mejor, pues, que los cardenales de la Santa Iglesia, reunidos en Roma, aunque acostumbrados, según la leyenda, a recibir siempre el famoso “boccato di cardinale”, es decir, lo mejor de lo mejor de la gastronomía, se abstengan, por ética, de saborear langostas sacrificadas ante sus ojos, con aquel terrible sufrimiento que según la tradición de la Iglesia sufrió elapotol Juan, el predilecto de Jesús, arrojado vivo a un tanque de aceite hirviendo del que al parecer, por un milagro de Dios consiguió salir vivo.

Las langostas, sin embargo, no suelen ser merecedoras aún  de ese milagro divino.

Plato favorito del cardenal RatzingerPlato favorito del cardenal Ratzinger en la trattoria roman Venerina

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