El día en que tuve que besar los zapatos rojos del Papa

Por: Juan Arias

Zapatos rojos del papaDesde la mañana en que, para encontrarme con el entonces papa Pio XII, tuve que postrarme al suelo para besar sus mocasines rojos, muchas cosas han cambiado hasta hoy en la gestualidad y en los ritos de los papas. La Iglesia mantiene aún vestigios vistosos de costumbres imperiales y rituales de sabor medieval, pero en los últimos 60 años se ha ido llevando a cabo, paso a paso, una revisión de la mitificación y casi deificación de la figura del Papa que, de obispo de Roma, pasó a ser visto como representante de Dios entre los hombres.

Pio XII
El último papa hierático, sacralizado, de modales de nobleza, místico en sus gestos y en su mirada, fue Pio XII, que usaba la tiara de piedras preciosas con tres coronas que simbolizaban los poderes de papa, obispo de Roma y rey, así como la silla gestatoria con toda su pompa, y ante quién había que arrodillarse.

Pio XII_ con la tiara
Después, los papas empezaron a despojarse de algunos de aquello emblemas imperiales
, subieron a un avión, se le pudieron ver los calcetines porque cruzaban las piernas y hasta nadaban en la piscina de Castelgandolfo con sus amigos y amigas, como el Papa polaco, Karol Wojtyla.

El Papa en la silla gestatoria
Aquella mañana, en que a mis 25 años tuve la oportunidad de encontrarme con el Papa Pio XII
, cuya sola figura ya impresionaba y casi atemorizaba, me advirtieron de la Secretaría de Estado del Vaticano, que al llegar ante él, tenía que arrodillarme y besar sus zapatos rojos.

El rito que se remonta a los emperadores y que es reprochado por el apostol Pedro en los Hechos de los Apóstoles (10, 25-26) consistía, con Pio XII, en echarse a tierra, apoyar las manos en el suelo y besarle los mocasines rojos.

Ya en pie, Pio XII me colocó en los labios, para besarlo, el macizo anillo de oro del Pescador. Después empezamos a hablar.

Juan XXIIICon el sucesor de Papa príncipe, el hijo de campesinos

pobres, Juan XXIII, las cosas empezaron a cambiar. Aún mantuvo la tiara y la silla gestatoria, pero fue el papa que, empezó a desacralizar la figura del Vicario de Cristopara acercarla al sucesor del apóstol Pedro, pescador de Galilea.

A veces se olvidaba hasta de ser papa. Se quejaba de que el sillón papal era muy alto para él que era bajo y que, al sentarse, “le colgaban los pies”. Subió el sueldo a los que cargaban con él en la silla gestatoria, porque, decía “yo peso el doble que mi predecesor”.

Llegó hasta a salir de noche, de escondidas, vestido de negro, con su secretario, fuera del Vaticano- poco menos que un sacrilegio – para ir a visitar a un viejo amigo que estaba muy enfermo y que por cierto, al ver al Papa aparecer en su habitación, casi se muere de infarto.

Pablo VI, continuó despojando a la figura del papa de algunas de sus insignias de poder, como la tiara y la silla gestatoria, aunque, tímido y serio como era, conservaba una aura de respeto y distanciamiento.

Juan Pablo II, el primer papa no italiano después de cinco siglos, fue el más desacralizador de todos. Lo vimos muchas veces bostezar aburrido durante algunas ceremonias. En una salida a la Plaza de España en Roma, el día de la Inmaculada, en una mañana de tramontana, el Papa polaco apareció, para delicia de los fotógrafos, con un jersey encima de la sotana.

Durante un viaje a la tórrida África negra, una periodista aseguraba que Juan Pablo XII iba sin pantalones debajo de la sotana. Se creó un pequeño revuelo, hasta que se supo que llevaba unos pantalones cortos, blancos, para aliviarle un poco del calor sofocante.

Juan Pablo IISi ante Pio XII había que arrodillarse y besarle los pies, con Juan Pablo II ya vi en uno de los vuelos papales, en la hora en que salía a conversar con los enviados especiales, a un periodista, colocar su mano amigablemente sobre la mano del Papa que la había apoyado, con un gesto distendido, en el respaldo de uno de los asientos del avión.

Ahora habrá que esperar para saber si el próximo papa continuará ese camino de desmitificar la figura del Papa o si volverá a la tradición de los papas príncipes.

Por lo pronto, el papa emérito Ratzinger, con su gesto de renunciar al papado ha conseguido, quizás sin pretenderlo, desacralizar más que todos sus antecesores, la institución del Papado, revestido aún en parte, de esa divinización del poder heredada de reyes y emperadores.

Juan Pablo II con su atentadorEl Papa Juan Pablo II visitando a su atentador Ali Agcá en la cárcel de Roma.

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