Un día cualquiera

alonso-Ibarrola2 La profesora, en su casa, se dispuso a corregir los ejercicios de redacción. El tema impuesto era: “Un día cualquiera” y las alumnas quinceañeras en su totalidad, narraban con desesperada y monótona vulgaridad los actos cotidianos que configuraban su inocua e idéntica personalidad. Uno tras otro, la profesora, mecánicamente, corregía los ejercicios. Todas más o menos narraban lo mismo. Eso sí, el hecho no tenía importancia, porque se trataba de pulir el estilo y cuidar la sintaxis. Pero un ejercicio, de repente, le llamó poderosamente la atención. Aquel texto que estaba leyendo delataba, en su ingenuidad, una relación inconfesable. Aterrorizada, volvió a leer el ejercicio. No daba crédito a lo que leía. Apenas pudo dormir. Al día siguiente, aparentando naturalidad, rogó a la autora del ejercicio en cuestión que viniera su padre a verla. Cuando lo tuvo delante le mostró el ejercicio. Turbado y asombrado, negó lo escrito y lo achacó todo a la imaginación de su hija. La profesora, dudosa, dictó otro ejercicio al día siguiente bajo el tema: “Por qué amo a mi padre”.

Alonso Ibarrola

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