Pasajero 32

Pasajero 32

Manchester, Madrid, Los Ángeles y París… Beckham aterriza con kilos de ropa y toneladas de dinero. La carrera mejor gestionada del fútbol mundial. Sin reparar en la edad, 37, su expectativa comercial sigue siendo la de un sex symbol googleado por millones de fans. Tiene un código de barras en el menisco. Ni siquiera Messi y Cristiano en la cumbre de su vida ganan tanta plata como Beckham, un fenómeno de aparador. La última lista de Forbes lo coloca en la posición número cuatro como deportista más valioso del mercado. Superado por Tiger Woods, Roger Federer y Phil Mickelson. Por encima de LeBron James, Kobe Bryant, Usain Bolt, Cristiano Ronaldo y Messi. ¿Cuál es el secreto de Beckham para estar ahí? Además de una oficina de representación en Asia, Europa y América, tiene una disciplina a prueba de pasarelas. Nunca se ha saltado un entrenamiento, fallado al reglamento interno de un club, ni llega crudo a las sesiones fotográficas. Es un profesional de cuerpo entero, igual con el traje del Madrid o el Milán que con el de Armani o Adidas, semidesnudo en Hollywood o uniformado en Champions garantiza ingresos. Canon lo avala, es el deportista más retratado de la historia y para objetivos de imagen en todas sale bien. El PSG, un club que asimila el modelo global, necesita una estrategia de posicionamiento. Su escudo pesa poco, sus colores y camiseta apenas se conocen y en su perfil de Facebook y Twitter no hay más que followers franceses. Beckham llega al PSG para darle notoriedad al nuevo rico de Europa. Jugar, jugará por derecha, treinta minutos, se cargará al centro, cobrará tiros libre y los de esquina. Marcará algún gol. Levantará la audiencia y firmará la camiseta (32) en instituciones de beneficencia.

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo/mileniodiario

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