El espontáneo y la servilleta

El espontáneo y la servilleta

“Leo, ¿vos qué quieres hacer?”. Yo me quiero quedar, contesta el niño al papá… “En Barcelona, a 14 de diciembre del 2000 y en presencia de los Sres. Minguella y Horacio, Carles Rexach, Secretario Técnico del F.C.B., se compromete bajo su responsabilidad y a pesar de algunas opiniones en contra a fichar al jugador Lionel Messi siempre y cuando nos mantengamos en las cantidades acordadas”. Firman los presentes, una servilleta de restaurante donde escribieron las palabras que lo vinculaban. Doce años después Messi sigue firmando el mismo documento. Un pedazo de papel que lo compromete a jugar con el Barça, un lugar donde terminar sus días, quizá para entonces, la mejor carrera de la historia. Horas antes de renovar, un aficionado salta la seguridad durante el Suecia vs Argentina, llega hasta Messi, lo abraza, lo besa en la cabeza con devoción religiosa y se despide con un gesto de amigo. El crack acepta el cariño del espontáneo con resignación y caballerosidad tan sabia, que convierte la escena en un símbolo de las cosas que el futbol está perdiendo. En medio de tantos millones, de escándalos y sobornos, de doping, apuestas y arreglo de partidos, de organismos obesos de poder, directivos involucrados, silencios sospechosos, mentiras y verdades, el futbol enfrenta acusaciones muy peligrosas, por delante tiene una larga travesía en el desierto donde deberá purificarse y aclarar qué es lo que está pasando. Son épocas muy dudosas para todos, FIFA y UEFA los primeros. La credibilidad del juego por extraño que parezca no reside en los grandes cambios, sino en los detalles más sencillos, los más antiguos: una servilleta y un fan agradecido siguen siendo los más valioso, lo único que tiene este deporte.

 José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo/mileniodiario

 

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