Oprah entregó a Supermán

Oprah entregó a Supermán

Rodeado de abogados en el foro más abigarrado de la televisión mundial, el atleta confiesa tibiamente cuidando cada uno de sus gestos, en juego no está el prestigio, sino el dinero, incluso un juicio penal. Nadie asiste gratis al Show de Oprah, a cambio se entrega el pellejo envuelto en el celofán de la exclusiva. Un papel cada vez más amarillo. El silencio de Lance Armstrong salió demasiado caro. El caso de dopaje más escandaloso de la historia arrasó con un deporte entero. El ciclismo profesional ha desaparecido. Costará muchos años purificarlo, porque detrás de Armstrong, se esconde una trama de mentiras, complicidades y alegatos en su proceso judicial que con total seguridad se irán descubriendo hasta que terminen involucrados tantos ciclistas y entrenadores, que entonces Armstrong parezca sólo la punta del iceberg. No se trata de una solitaria caída al barranco, se fugó con el botín, compró la inmortalidad y ahora emprende en defensa propia un ataque al pelotón. El verdadero daño es este: la pérdida de credibilidad sobre los grandes ídolos. Ahora corremos el riesgo de dudar de cualquier otro superhéroe. Ganar intoxica, se vuelve vicio. Quizá sea el ciclismo el único deporte que ha llevado la lucha antidopaje hasta sus últimas consecuencias. El resultado es arrasador, exhibe un Supermán desnudo, lo que demuestra que no hay intocables. No sé si el futbol, el tenis, el baloncesto o el atletismo se atrevan a continuar la persecución que el ciclismo lleva años encabezando, repito, el verdadero daño del dopaje es este: si Armstrong un hombre de acero, un filántropo, un ejemplo de supervivencia y una inspiración para millones mintió, la duda ya no cae sobre el atleta, se sospecha del deporte entero.

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo/mileniodiario

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