La bondad de Angela Merkel y sus colegas

La bondad de Angela Merkel y sus colegas

Desde luego los políticos europeos actuales ya no son como los de antes. Es probable que sean más técnicos, políglotas y trotamundos del síndrome de la primera clase en lujosos aviones.

Tal vez, los anteriores no eran tan “actuales” como los de hoy pero tenían muy claras las ideas.

Es cierto que no vivían en un mundo globalizado —no es un tema menor—. Hace cuarenta años cada uno tomaba sus propias decisiones en función de lo que creía que era mejor para el país.

Recuerdo a Blair, creando la Tercera Vía; a Kohl que reconquistó a Europa a través de la potenciación de su economía; a Mitterrand con la Grandeur francesa que la posicionó en los primeros puestos a nivel mundial.

Recuerdo también el asesinato de Olof Palme y su legado, no sólo en Suecia sino en todos los países nórdicos. Italia, que fue un ejemplo paradójico por la corrupción y la mafia, tuvo la inteligencia de crear el Pentapartito e hizo que el país llegara casi a los altares.

En España, tuvimos grandes políticos. Suárez, fue el ardid de la transición; Felipe González, el estadista, y Aznar, el gestor.

Hoy me encuentro con una España con políticos mediocres que no saben realmente lo que tienen entre manos.

El Viejo Continente se cae. De hecho, es el único continente en recesión. Las recetas que propugnan son cataplasmas; ungüentos del romántico siglo XIX.

Europa se muere desangrada, vomitando el poco dinero que tiene, como los románticos se morían de pulmonías mal curadas o pistoletazos en la cabeza. Y todo ello, ante la mirada impasible de los mandatarios, que siguen, erre que erre, con esas medidas restrictivas y perniciosas.

Cuando miro la foto de Angela Merkel me recuerda a la señora que comienza a ser mayor y que sienta a sus nietos sobre sus rodillas, mientras toma un té. Me la imagino contándoles sus peripecias como Jefa de Alemania; como Jefa de Europa.

Pero la verdad es que, detrás de esa cara de bondad, que parece que nunca ha roto un plato, se esconde cierta perversión, por decirlo de una manera eufónica.

Vamos a ver. Aunque Rajoy dice que España no necesita ningún rescate, él sabe que, tarde o temprano, va a tener que pedirlo. Llegados a este punto, es mejor hacerlo cuanto antes. Lo digo porque la prima de riesgo, en estos momentos, ha descendido. Por lo tanto, los intereses del rescate siempre serán menores de lo que costarían con una prima de riesgo por las nubes.

Bueno, pues mientras se sigue destruyendo el empleo y la población española se empobrece, Angela Merkel no quiere ni oír hablar del rescate. Y lo malo no es eso. La perversión de lo que hablo es porque ha sacado de su agenda electoral la ayuda a España y otros países ribereños.

Entre el primero de septiembre y el 31 de octubre, habrá en algún momento, elecciones en Alemania. Claro, evidentemente resta votos decirle a su electorado que, con el dinero de los trabajadores alemanes tienen que pagar el rescate español.

No deja de ser una perversión el hecho de que por querer ganar unos comicios electorales, tenga a una España que se depaupera cada día.

Y mientras tanto, tenemos que seguir aguantando a unos líderes mediocres que van de salvapatrias.

Alberto Pelaez/mileniodiario

Deja un comentario