Guardiola y su álter ego

Guardiola y su álter ego

Gala del Balón de Oro, fila 3 butaca derecha junto a Vicente del Bosque. Guardiola sonríe cuando Blatter entrega a Franz Beckenbauer con el auditorio en pie la Distinción Presidencial. Días antes Beckenbauer y Guardiola, par de Käisers, habían empezado a trazar las líneas maestras del nuevo Bayern: cantera, universalización y estilo. No se trata de un caprichoso relevo. Para el club más poderoso es una toma de protesta al frente de la Bundesliga. Beckenbauer encomienda a Guardiola los poderes del futbol alemán. A Pep, siempre contrario a los pronósticos, no lo contratan para hacer grande al Bayern, invariablemente ganarán cualquier título, su misión está en otro lado. Fundar una cultura, a eso está llamado. En 2006, durante su Mundial, los alemanes descubrieron en el equipo de Klinsmann al que su asistente Joachim Löw da continuidad, una nueva forma de entender el juego. Aquel cuadro ya anunciaba un cambio de código postal, era la Mannschaftmenos rancia de todas. Una muy ligera, más poética y a veces frágil. Alemania fracasó (semifinales), pero fiel al largo plazo que los avala como nación, decide continuar por la misma ruta reforzando el mensaje. Aquella decisión da luz a Özil, Reus, Götze, Hümmels, Müller, Kroos, Badstuber… Una generación de futbolistas que salvaguarda la enorme tradición del elegante juego alemán, mal estereotipado como “panzeroso” y “aplanador”. Guardiola muy él, elige un país como club, y elige también una persona como institución: Beckenbauer soñó una Alemania como jugador, capitán, entrenador y directivo, hoy encuentra su álter ego en la romántica silueta de Pep. El Bayern como patriarca acepta la responsabilidad de refundar el futbol alemán. Con su paciencia lloverán títulos.

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo/mileniodiario

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