Fantástico animal

Fantástico animal

Tiene la virtud de las grandes bestias, se crece ante el castigo y pelea porque aún herida, conserva la memoria de cicatrices que lo hacen fiera. Un zarpazo, un mordisco o cualquier reflejo típico de una fauna noble le garantizan oportunidad para matar y entonces vivir. Esto es el Real Madrid: un fantástico animal. Pesado, irracional, entrañable y blanco; a veces pálido y eso sí, bien amaestrado por el futbol coral del Barça. La música que amansa. Sin embargo, creo que el partido ofrece más instintos para confiar en el bestial caos del Madrid que en el juego racional del Barça. Eso vamos a ver en el clásico esta noche, la imagen de un equipo herido con gestos de Rocky y discursos de Braveheart que busca un guionista rosa para empezar una historia que le reconduzca al heroísmo. Y en el futbol cuando faltan argumentos aparece el contragolpe, la velocidad y el cabezazo. La estrategia maloliente del mourinhismo, sin poética, pura épica lodosa y muy dudosa en épocas de Xavis e Iniestas. Al Madrid le han fallado los nervios, aquellos jugadores que el sistema central ofrece para resolver con delicadeza los partidos cerebrales se esfuman. Di María, Özil, Modric, Benzema y Marcelo pesan poco, son vaporosos. El Madrid se entrega por completo a la raza de Cristiano que lleva puesto el pellejo de un búfalo. Con trapío y en estampida, como es él, su club aún puede rescatar mucha tierra del futuro perdido. Se necesita una victoria salvaje contra este Barça; una victoria de monumento, fecha en placa y póster coleccionable. Suena a ficción es verdad, pero eso nos identifica con la rivalidad más grande del fútbol mundial. Luchas entre buenos y malos, rudos y técnicos, noches con la seducción del Barça o la violencia del Madrid.

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo/mileniodiario

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