Elogio del cruceiro gallego

Por: Paco Nadal

Cruceiros 1 Hay cientos, miles, por toda Galicia. A lo largo del Camino de Santiago y en las más humildes y recónditas “encrucilladas” de caminos. Presiden los atrios de pequeñas iglesias rurales de sillares de granito comidos por los líquenes y el musgo o anteceden a cementerios de labrados panteones barrocos. Solitarias cruces de piedra tallada que invocan a lo sobrenatural y que conectan una tierra mágica con las almas del más allá.

Son los cruceiros, la silueta más peculiar y característica de una Galicia que aún cree en meigas y en santas compañas. Los cruceiros gallegos son herencia de los menhires prehistóricos, de los milladorios romanos y de las cruces de la evangelizada Irlanda de los siglos VI y VII. Una consecuencia de esa máxima de la sacralidad que dice que lo que es santo, es santo; por muchas religiones que se sucedan sobre ese lugar. Ya en tiempos clásicos se honraba a Mercurio, dios de los negocios y protector de los viajeros, colocando una piedra en lugares estratégicos de los caminos hasta formar milladoiros. El cristianismo no pudo con esa tradición, pero logró que se cambiara milladoiros por cruces.

Pero no todos los cruceiros protegen “encrucilladas” de caminos frente a lo que pudiera llegar del más allá o a los encuentros sorpresivos con la Santa Compaña. También hay cruceiros de término que marcan los limites de una parroquia, como en tiempos medievales hacían las piedras signatas. Cruceiros de parada, que presiden los atrios de las iglesias o los caminos por los que pasan las procesiones o entierros. Cruceiros devocionales, levantados por un particular o por una familia en agradecimiento de un favor concedido o por devoción a las almas del Purgatorio. Cruceiros expiatorios, levantados como penitencia para expiar un pecado o una culpa. Cruceiros altomedievales tallados con escenas de la Biblia que tenían fines didácticos para el pueblo inculto.

Dicen que el más viejo de todos los cruceiros de Galicia es el de Melide (A Coruña), tallado en el siglo XIV. Uno de los más bellos es el cruceiro de Lameiros (Ligonde, Lugo), fechado en 1670, en el que los cuatro lados de la base hacen referencia al calvario o a la muerte (martillos, clavos, espinas, calavera), mientras que en la cruz asombra el relieve de la maternidad o la vida. El cruceiro de Hio (Cangas, Pontevedra) es una maravilla escultórica tallada en un solo bloque de piedra donde tienen cabida las ánimas del purgatorio, el Paraíso de Adán y Eva y el Descendimiento.

Los cruceiros gallegos son antenas que nos conectan con el más allá. Enlaces de piedra entre las leyendas y los habitantes de esta tierra mágica.

Cruceiros Ligonde Cruceiro de Lameiros, en la parroquia de Ligonde (Lugo)

 

Cruceiros Hio Cruceiro de Hío, en la parroquia del mismo nombre, municipio de Cangas de Morrazo (Pontevedra)

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