El meñique de “Mou”

El meñique de "Mou"

De cómo el futbol en sí mismo, sin futbolistas ni entrenadores es una fuerza de la naturaleza podría escribirse un tratado. Cualquier partido desde el más grande al más pequeño tiene una vida propia, a veces mágica, inexplicable. El juego, cualquiera que sea, declara la guerra al destino con la rapidez de un segundo o la eternidad de un domingo. De eso está hecho el deporte, de domingos y segundos, instintos. Porque sin domesticarse ni someterse ofrece la posibilidad de cambiar historias, continuarlas o empezar una nueva. Le sucedió Mourinho, última víctima de esos misterios dolorosos. Un protagonista ingobernable, montado en el apocalíptico corcel de un banquillo imperial. Encendiendo la hoguera de sus vanidades el técnico ofreció la cabeza de un ídolo, Casillas, al dios pagano del futbol: el “ego”. La suplencia del portero campeón mundial era artificial. Hasta que en un partido burocrático contra el Valencia por las semifinales de Copa, Casillas resbala con el destino tropieza con el tiempo choca con un fantasma y se rompe un hueso. Ahora la suplencia es natural. Una causa común como la lluvia o el viento deja a Mourinho a la intemperie frente a la naturaleza salvaje del fútbol que con sus propias leyes encauza las cosas. ¿Realmente su portero titular era baja por cuestiones tácticas? O se trataba como todos sospechamos de la última criatura señalada por su dedo. Primero fue el índice en el ojo de Vilanova, santo y seña del nuevo Barça y ahora el pulgar de Casillas, alma del madridismo el que señala el camino. Sin portero suplente Mourinho enfrentará al Barcelona en Copa y al United en Champions, ahora necesitará la sobrenatural fuerza de su dedo meñique para levantar la temporada del Real Madrid.

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo/mileniodiario

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