El bosón del Adiós

Por: Miguel Lorente Acosta

BOSON ADIOS La partícula de Higgs o “bosón de Dios” ha sido descubierta recientemente por la Física para explicar el origen de la materia y de la propia vida, aunque su existencia se postuló hace más de 40 años. Lo que aún no ha logrado explicar la Física, ni las Matemáticas, ni la Filosofía, es por qué un día los sentimientos se posan en determinadas personas, ideas, proyectos, iniciativas, como si fueran pájaros que buscan las ramas antes de la puesta de sol, y así hacerlos parte de su vida… Quizás también haya una partícula invisible, subatómica y desconocida que permite que las miradas, las palabras, una caricia… cobren materia y se hagan verdad sin que nadie sepa muy bien el proceso ni pueda controlarlo.

Si por el resultado fuera, yo lanzaría la hipótesis de su existencia…

Y quizás también exista otra partícula, el “bosón del Adiós”, que actúe al contrario,  y que en ese núcleo agitado de las relaciones y los proyectos, de repente su vibración haga que todo se agite hasta que la materia que tenían esas miradas, las palabras pronunciadas, los recuerdos que las acompañan… se pierdan en ese espacio inanimado de la ausencia original.

Si por el resultado fuera, yo también lanzaría la hipótesis de su existencia…

Ahora ha comenzado un nuevo año, nos quejábamos de los Mayas por su predicción apocalíptica, que en realidad no era tal, sólo el cálculo sobre un cambio de ciclo hecho a miles de años vista, y en cambio nosotros ponemos el contador de días a cero después de tan sólo 365 experiencias. Y no sólo borramos números, meses y fechas, sino que por un extraño sortilegio, como si el 31 de diciembre a las 12 de la noche acabara algo más que un día,  nos metemos a Cenicientas y hacemos que se transformen algunos recuerdos, algunas experiencias, y luego pasamos página y cerramos una historia que, quizás, ni siquiera había empezado.

A lo mejor ese es el juego y quizá la vida sea eso, una especie de recorrido entre olvidos y promesas sin tiempo para la realidad. Y a lo mejor por eso la sensación que nos acompaña con frecuencia es que todo está por llegar, aunque al final lo que esté por venir sea cada vez más el regreso de lo que se fue, y no algo nuevo aún pendiente de alcanzarnos en nuestra deriva.

En cualquier caso, la soledad de un número con aspecto de primo como el 2013, nos acompañará en esas 365 jornadas para que no estemos tan solos, para que no estemos tan solas, y para que en compañía hagamos que todo sea un poco mejor.

El próximo año, cuando el marcador de nuevo se haya puesto a cero, nos lo contaremos con la misma ilusión de ahora y con los nuevos recuerdos de mañana, y así podremos decir qué había de verdad y qué de mentira en toda esta realidad prometida.

…Y si el “bosón del Adiós” vino para quedarse o también se marchó.

Fuente: http://blogs.elpais.com/autopsia

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