‘Django’/Indio

'Django'/Indio

“La gente bonita irá al cine a ver Django —de Tarantino—, y se compadecerá de lo que los blancos hicieron a los ‘negritos’, pero nunca voltean a ver un indígena. ¿A que sí?”

Recibí alrededor de 100 “me gusta”, con escasos comentarios.

2. Luego puse una provocación:

“Esos que adoptan perros ‘de raza’ no saben que nomás con decirlo ya son racistas. ¿A que sí?”

No llegué a 80 “me gusta” pero hubo montones de disquisiciones justificando al animal que eligieron para acompañarlos en sus vidas.

Cada quien sus conclusiones.

Lo hice después de ver el filme de Tarantino, que me dejó impactado por las imágenes, el sadismo de la fotografía para captar los asesinatos, bajo una certera óptica racista. El cineasta desnuda, con precisa crudeza, la ignorancia del blanco para entender que los humanos no son un problema de color.

El abuso de la sicología amparada en la frenología para teorizar sobre la superioridad de razas es una escena clave. La inferioridad de las demás sobre la inteligencia superior de la blanca: eso es el racismo. Y nazismo. Pero también la discriminación de pueblos que, como los indígenas, quedan atrapados en sociedades donde el pasado es historia o antropología social, de estudio, no de leyes que los amparen.

Si el cine no es una asociación de ideas… Si Tarantino pudo unir los lazos del racismo norteamericano con el nazismo alemán, ¿por qué no podemos unir esa discriminación sobre las razas que en el mundo no tienen siquiera posibilidades mínimas de desarrollo en sus países nativos? Tierras que de origen les pertenecían.

Hemos vivido de espaldas a los indígenas en México aunque en la Constitución no vivan en la esclavitud. Pero si investigamos los salarios de esas zonas campesinas, irremediablemente descubríamos que también un sueldo forma parte de la discriminación social. En Guerrero hay salarios de 20 pesos a la semana (Reforma del domingo).

Django es una versión irreverente, humorística, con saña emocional para movernos el tapete de lo que hacemos con nuestro pensamiento sobre los demás que no son nosotros. Es pensar de qué somos capaces cuando no tenemos parámetros para medir nuestra discriminación racial. Y pensar que podríamos cambiar si al menos observáramos cómo viven los que fundaron las tierras de este país.

Es tiempo de mirar al espejo.

Braulio Peralta/mileniodiario

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