Cuando los papas mueren, pero no se enferman.

Por: Juan Arias

Hugo Chávez en Cuba
El calvario por el que está pasando el presidente venezolano, Hugo Chávez,
y las contradicciones aparecidas en los medios sobre su real estado de salud, de la que vamos sabiendo sólo a cuentagotas, me han hecho pensar a cuando en el Vaticano, los papas “morían pero no enfermaban”, como se decía entonces.

“Chávez está consciente de su estado de salud”. 
“Chávez está en coma inducido”. 
“Se agrava la enfermedad de Chávez”. 
“Chávez está tranquilo y estable”.

Son algunos de los titulares de prensa de los últimos días, lo que hacen pensar a todo menos a la transparencia informativa que exigiría un Estado democrático con su mandatario, persona pública y de responsabilidad por excelencia.

En el Vaticano, la falta de transparencia informativa con la salud o la enfermedad de los papas, se justificaba porque la Iglesia es una monarquía absoluta que no admite los parámetros informativos de las modernas democracias.

Ello me hace pensar, que una clave para reconocer el grado de madurez democrática de un país, es justamente su transparencia informativa.

Dilma y Lula curados de cáncer
Y en esto tengo que reconocer que Brasil estos últimos años han dado un ejemplo con las enfermedades de la Presidenta Dilma que sufrió un cáncer linfático y del expresidente Lula, golpeado por un cáncer de laringe.

En ningún momento hubo ocultación de información. Los brasileños pudieron seguir día a día los partes médicos y ambos, Dilma y Lula, pidieron que no se ocultase nada a la opinión pública. Y así ha sido.

Ello fue verdad hasta el punto que se dijo que Chávez no quiso venir a tratarse en São Paulo, en el Hospital Siro Libanés donde fueron curados Dilma y Lula, porque sabía que aquí hubiese sido imposible esconder nada de su enfermedad. Los primeros que no hubiesen aceptado ocultar la información hubiesen sido los médicos y los medios de comunicación.

Es verdad que Brasil está muy bajo en los índices de libertad de prensa de los otros países mundiales y donde los periodistas corren uno de los  mayores peligros de agresiones de América Latina. Pero quizás por eso, el gesto de la Presidenta Dilma que contra la voluntad de su mismo partido (PT) inició el 2013 afirmando que no aceptaría ningún tipo de recortes a la libertad de los medios, ha sido recibido con aplauso por las fuerzas democráticas.

Muerte de JUuan Pablo INo sé cómo es ahora en el Vaticano y si siguen escondiendo las debilidades de salud del Pontífice. Yo asistí a la muerte de los últimos cinco papas. Menos la muerte del anciano Juan XXIII, hijo de campesinos, que exigió a su secretario Loris Capovilla que informara al mundo de todos los detalles de su enfermedad, los demás fueron objeto de las restricciones informativas del Vaticano.

“Tenemos que ir preparando la maleta”, le dijo Juan XXIII a Capovilla, con el humor que lo caracterizaba, cuando supo qie estaba muy grave.

La muerte de Pio XII, el hierático papa Pacelli, fue penosa y humillante, con su médico personal haciendo fotografías de su agonía para venderlas, mientras la opinión pública ignoraba su real estado de salud.

Con Pablo VI, el Vaticano montó hasta un quirófano improvisado dentro del Vaticano para operarlo, creo que de próstata, para no tener que llevarlo a un hospital, donde la información hubiese sido más difícil de controlar.

De Juan Pablo I, que murió mien tras dormía, a los 31 días de su reinado, aún hoy no sabemos de qué murió ya que el Vaticano se negó a hacer su autopsia.

Y de Juan Pablo II, sólo supimos que sufría de mal de parkinson cuando en los actos públicos eran visible el temblar de una de sus manos.

Había la sensación de que los papas, divinizados, no podían tener debilidades, como las de una enfermedad. Hasta la gripe de un papa era ocultada porque no parecía digno de ellos semejante banalidad .

Juan Pablo II enfermoAl final se morían, porque no se podía ocultar su muerte, pero aún así se trataba siempre de una sombra misteriosa. Hubo el caso de un periódico de Roma que llegó a informar con título gigante en portada la muerte de un papa, cuando en realidad estaba aún vivo.

Se trató de lo siguiente: como era muy difícil saber el estado de salud real del papa, aunque se rumoreaba que se estaba muriendo, un periodista se puso de acuerdo con un monseñor del Vaticano amigo suyo para que abriera una cierta ventana determinada de los palacios vaticanos que dan a la plaza de San Pedro, en el momento en que el papa hubiese agonizado.

El periodista estuvo plantado un par de días en la plaza esperando lo que ocurría. De repente, una mañana, aquella ventana se abrió de par en par. No había entonces teléfonos móviles. El periodista corrió a la redacción del periódico y en poco menos de una hora el diario salió a la calle con una edición extraordinaria anunciado que el papa había muerto.

Sin embargo, estaba vivo. Aquella ventana no la había abierto el monseñor que debía dar la señal al periodista, sino una mujer de la limpieza que pasaba por allí y se le ocurrió abrir la ventana para que entrara aire fresco.

Han pasado muchos años desde entonces y los secretos y misterios siguen reinando en el Vaticano, en el que el Papa, por triste y absurda paradoja sigue siendo también Jefe de Estado, un privilegio que el dio el Duce Mussolini a cambio de que la Iglesia apoyase al fascismo.

Y como Jefe de Estado de un territorio donde vige una monarquía absoluta, la información allí sigue las reglas más de las dictaduras que de las democracias modernas.

Venezolanos rezan por Hugo ChávezVenezolanos en oración por Hugo Chávez

Estoy seguro que los venezolanos, en el caso concreto de su jefe Chávez, preferirían mil veces, ser tratados como lo han sido los brasileños en relación con las enfermedades de sus mandatarios Dilma y Lula.

Se les pide a los venezolanos oraciones por Chávez y a la vez se les oculta la realidad de su estado, hasta el punto que aún no saben ni qué tipo de cáncer lo aqueja.

Todo ello me recuerda la definición que de los periodistas daba el fundador del periódico La Repubblica, de Roma, Eugenio Scalfari.

“Es aquel que cuenta a la gente lo que el poder pretende ocultar”, decía Scalfari.

Todo lo demás, son ganas de confundir las cosas. Los poderes, todos, políticos, económicos o religiosos nunca pueden ser sujetos de información. Son objeto de la misma. Y a los medios les compete la obligación que les confiere la sociedad de vigilar e informar justamente de todo aquello que el poder desearía mantener oculto.

De ahí que no haya existido, ni pueda haberlo, un sólo medio de información oficial de un Estado capaz de convencer a los ciudadano de sus noticias,incapaces como son de hacer autocrítica de sus fallos, errores o desmanes de corrupción.

Simplemente, los medios oficiales de información, no son creíbles
Por eso, no se venden. Al máximo se regalan o se sufragan con dinero público, es decir con el nuestro.

Tim LopesEl periodista brasileño Tim Lopes torturado y asesinado en una favela de Rio

http://blogs.elpais.com/vientos-de-brasil/

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