Turròn

Manolo Méndez – Productos. Varios

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        Por supuesto que no cabe, para nosotros, concebir una comida familiar navideña sin el dulce cierre del turrón. Esto es así desde hace muchísimo tiempo, aunque no “desde siempre”, ya que la vinculación del turrón y la navidad, al menos en el sentido de obligada presencia como hoy lo entendemos, no tiene mucho más allá de un siglo, que no es poco tiempo, en todo caso.

        Tal vinculación es mérito principalísimo de los emprendedores alicantinos de Jijona, que allá por las primeras décadas del siglo pasado se empeñaron en sostener una auténtica “red” de viajantes encargados, al llegar el Otoño, de llevar y de distribuir el goloso producto, pueblo por pueblo, por ferias y mercados de toda España. De tan pertinaz empeño estacional fue derivando la costumbre en tradición.    Pero la historia del turrón va, por supuesto, mucho más allá de esa vinculación “navideña”, que al fin resulta, ya ven, casi contemporánea.

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     Sin la menor duda, se trata de un dulce genuinamente mediterráneo. Aquí en España, las primeras referencias escritas que nos hablan del turrón datan del siglo XIV, pero hay fundadas sospechas para pensar que su consumo viene de mucho más atrás.  A pesar de que su nombre tiene raíz latina, -turrón viene de“torrare”, que significa “asar”-, pocas dudas caben de que de que su fórmula e industria fue traída a la Península por los árabes, y de que fue en tierras de Alicante, precisamente, donde primero se elaboró.

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    “Jijona” y “Alicante”, blando y duro, son las dos presentaciones más típicas, aunque “yema” y “chocolate” vienen recortando distancia progresivamente en la preferencia de los consumidores. En todo caso, el catálogo de variedades es amplísimo; y cada vez más, porque los maestros turroneros tienen a gala sacar alguna novedad  original al mercado en cada campaña.        Sea como fuere, con ingredientes clásicos o con otros más exóticos, el fundamento del turrón es,  y sigue siendo, la almendra, al punto de ser ésta, su presencia proporcional, la que define la tipología de calidad “Suprema” que ampara el Consejo Regulador de la Indicación Geográfica Protegida Jijona y Turrón de Alicante, que garantiza con su sello impreso en la tableta que el turrón que adquiramos llevará un mínimo del 64% de almendra en el turrón blando, y de un 60% en el duro.

        Y un detalle final, que no pocos tienen por inconveniente, y que es bien al contrario: ese aceite que exudan las tabletas cuando las abrimos y liberamos de su envoltorio de papel de aluminio en el que suelen venir envasadas. Muchos recelan de él, y lo  tienen por pringoso e inconveniente. Ciertamente, pringoso es un rato, pero inconveniente no, porque justamente ese aceite es el mejor indicativo de la calidad del turrón. Casi cabría decir que, cuanto más, mejor. Las fábricas de turrón, al final de la campaña, han acumulado y almacenado cientos de kilos de ese aceite… ¿Y saben quién se lo compra y se lo lleva?… Pues, la casa Dior francesa, por ejemplo, y otras similares de alta cosmética. Y es que el aceite de almendra es buenísimo para las cremas de belleza facial. Dicho lo cual, ya me  arrepiento de haberlo contado, porque no quisiera pensar que ninguna de nuestras lectoras, sabiéndolo ahora, vaya a caer en la tentación de aprovechar, y pasarse por la cara, con disimulo, la pringosa tableta antes de llevarla a la mesa. ¡No me hagan eso!

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