«Spleen» con nubes

«Spleen» con nubes

Hombres y mujeres que disfrutan de una existencia plácida y sin complicaciones, que tienen todas sus necesidades cubiertas, libres de enfermedades y de deudas, seguros de su éxito social, económico y profesional, son sin embargo personas desdichadas, y con frecuencia, reacias a la esperanza y difíciles de consolar. Puede tratarse de una tristeza patológica, pero a veces ese abatimiento forma parte del encanto de su personalidad y es el motivo de su éxito, de modo que una persona así sería muy desdichada si cayese en el error de la felicidad. Hay una desesperanza que surge irónicamente a partir del momento en el que hemos alcanzado todas nuestras expectativas. Un éxito continuado suele acarrear un fracaso sordo, la horrible sensación de que nos hemos quedado sin objetivos, a no ser, claro, que  nos propongamos la destrucción de lo alcanzado y estemos dispuestos a la tristeza lógica de empezar de nuevo. ¿Y qué ocurre en el caso de que la nuestra sea una tristeza meteorológica, un estado de ánimo que no tiene tanto que ver con nuestra vida, como con el lugar del mapa en el que vivimos? Por la tristeza existencial de muchos hombres, las concretas desgracias biográficas hicieron menos que las isobaras y las bajas presiones atmosféricas, así que al explicar el carácter de un pueblo no estará de más que,  al margen de analizar su historia, nos detengamos en la observación de su mapa del tiempo. ¿Explica eso la tristeza acaso geográfica de Ronaldo? ¿Es tal vez el suyo el desencanto distintivo de los portugueses y de los gallegos, pueblos de reconocida inclinación al desencanto, poblados por gentes en general melancólicas, propensas a la amarga elegancia romántica del «spleen», ese refinamiento clínico y balneario del hastío? Como gallego que soy podría entenderlo. Y no le daría demasiada importancia. Porque como gallego sé muy bien que cada objetivo que se consigue es una esperanza que se pierde.

José Luis Alvite/larazon.es

Pintura de David R. Belmonte

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