Se compra y se vende tiempo

Se compra y se vende tiempo

Quieres que pongamos a medias una tienda en la que se pueda comprar tiempo? Ante esta idea muchos pensaréis que de ser posible sería un negocio ¡fantástico! El equipo de fútbol que pide prórroga, el estudiante que necesita más tiempo para acabar el examen, el político antes de tomar una decisión y muchos más… serían con toda probabilidad nuestros clientes. El inconveniente es que el tiempo ni es acumulable ni puede pararse. El tiempo organiza nuestra vida personal, las relaciones entre los seres humanos, las actividades sociales y también las laborales. Cuando nacemos, nace nuestro tiempo y cuando morimos, muere con nosotros. Crecemos en el tiempo y en él tejemos nuestra personalidad a partir de nuestras vivencias. Podemos convertir los hilos de nuestra vida en una preciosa trama y bordar una tela magnífica o acabar confeccionando un tapiz lleno de nudos y enredos. El día tiene 24 horas y cada persona es libre de vivirlas y utilizarlas como crea conveniente. El tiempo relaciona pasado, presente y futuro, aunque el momento actual sólo existe en el ahora. El tiempo es, pues, una serie infinita de ahoras, y la forma en que empleamos cada ahora crea nuestro futuro. En la sociedad occidental el tiempo se ha convertido en un bien preciado e intentamos solucionar nuestros problemas de tiempo aparcando las actividades lúdicas que nos producen satisfacción y bienestar personal. Seguramente las consecuencias a corto plazo de esta actitud generarán insatisfacción y, sobre todo, estrés. Aprender a gestionar nuestro tiempo se correlaciona con una mejora de la calidad de nuestra vida. En este punto hemos de ser conscientes de que algunas actividades como dormir o descansar antes de llevar a cabo una tarea difícil o complicada, que podrían ser vistas como una pérdida de tiempo, con toda probabilidad nos harán ser más efectivos y tendremos la sensación de que hemos ganado tiempo al tiempo. Pero ¿de qué depende nuestra visión del tiempo y del uso que hacemos de él? La percepción que tenemos del tiempo y de su valor es una sensación que está estrechamente ligada a nuestras creencias, creencias que determinan nuestros mapas mentales y por lo tanto nuestra visión del mundo y de la realidad. Según lo que creamos, una misma actividad la podemos realizar casi sin darnos cuenta o nos puede parecer eterna. Todo depende de nuestros intereses, motivación y, sobre todo, de nuestras emociones o sentimientos. Hablar de gestión del tiempo no es hablar de ganar o perder tiempo. El tiempo no se para y no existe posibilidad alguna de almacenarlo o detenerlo. No tenemos más tiempo que el de ahora en cada momento y para mejorar su gestión, tenemos que empezar por hacer un seguimiento de las actividades que llevamos a cabo a lo largo del día y averiguar cómo lo estamos utilizando y a qué lo dedicamos. La discrepancia entre las respuestas a las preguntas ¿qué he pensado hacer? y ¿qué es lo que realmente he conseguido? nos pone en evidencia una inadecuada planificación de las actividades realizadas y, por lo tanto, de la gestión de nuestro tiempo. Hablar de gestión del tiempo es aprender a reconocer y descubrir las situaciones o las causas internas y externas que lo vampirizan. Es aprender estrategias que nos ayuden a optimizar los ahoras. Es responder continuamente a la pregunta ¿cuál es la mejor manera de usar este minuto, este ahora? Es aprender a ser flexibles, a pensar en positivo distinguiendo entre lo que parece urgente y lo verdaderamente importante. Es trabajar para interiorizar una serie de competencias como pueden ser: saber delegar siempre que sea posible, aprender a planificar con antelación, saber programar nuestras actividades y gestionar nuestros recursos, ejercitarse en escuchar nuestro cuerpo, nuestro yo y también en escuchar a los demás, tener y mostrar empatía y ser asertivos o saber comunicar. Todas ellas competencias básicas e imprescindibles en la buena gestión del tiempo. Hablar de la gestión del tiempo es también mantenerse receptivos y predispuestos a todos aquellos avances tecnológicos que nos facilitan el día a día y la relación con los demás. No podemos ignorar la importancia del uso de las aplicaciones informáticas en la gestión del tiempo personal y del tiempo que compartimos con los demás, ya que, entre otras cosas, permiten optimizar nuestro tiempo y el tiempo que compartimos de una manera fácil y efectiva. Confiar en nosotros y en aquello que realizamos, descubrir nuestros propios vampiros del tiempo, reflexionar sobre nuestros logros, saber adaptarnos a las circunstancias de cada momento, ejercitarnos en distinguir lo urgente de lo importante aprendiendo a priorizar, utilizar las herramientas que la tecnología nos ofrece y desarrollar las competencias anteriormente citadas… nos ayudarán a lograr una gestión del tiempo personal y compartido eficaz y efectiva.

R. LÓPEZ RODRÍGUEZ, maestra y psicopedagoga. Máster en Formación de Formadores. Directora del CRP Les Corts

http://www.lavanguardia.com/opinion/temas-de-debate

Pintura : Reloj :  Montserrat Noguera (blunelia)

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