Placebos y confusiones

 Placebos y confusiones

No es nuevo que las ideas, teorías y hasta el lenguaje de la ciencia sean secuestrados por charlatanes para vender sus productos. Un término usado en ciencia médica que se presta especialmente a esto es “efecto placebo”.

Un placebo es una sustancia que carece de actividad específica para un padecimiento. A pesar de no tener efecto terapéutico, los placebos son tremendamente útiles en investigación médica, pues permiten realizar los llamados estudios de “doble ciego” para averiguar si un tratamiento médico realmente funciona.

Para realizar esos estudios se forman dos grupos de pacientes con las mismas características. A uno se le administra el tratamiento a probar y al otro —denominado grupo de control— se le da solo un placebo (pastillas de azúcar o almidón, por ejemplo). Si el medicamento no registra un efecto estadísticamente superior al placebo, es inservible.

Para evitar que el paciente perciba, así sea inconscientemente, si recibe tratamiento real o placebo, ni él ni el médico deben saberlo. Esto se debe a que hasta los pacientes que reciben las pastillas sin la sustancia a probar parecen presentar alguna respuesta, llamada precisamente “efecto placebo”. El doctor Steven Novella lo define como el “efecto de un tratamiento medido en el grupo de control de un estudio clínico”.

Y ahí empiezan los problemas, porque muchos creen que se trata de un efecto mágico debido al “poder de la mente sobre la materia”. En realidad, como explica Novella, lo que llamamos “efecto placebo” es normalmente ilusorio: errores de observación, sesgos en la toma de datos debidos a las expectativas de médicos y pacientes, efectos no específicos (como que el paciente sea más cuidadoso solo por estar en tratamiento) y en un porcentaje muy pequeño de casos, efectos fisiológicos reales. Éstos últimos se deben a cambios en las hormonas o neurotransmisores que pueden producir relajación e influir así en síntomas como dolor, presión arterial, etcétera.

En conclusión, los placebos no tienen nada de misterioso y sus efectos son casi siempre ficticios. Al mismo tiempo, son una herramienta fundamental de la investigación médica, pues sirven precisamente para distinguir la medicina efectiva de la simple venta de ilusiones.

Martín Bonfil Olivera/mileniodiario

lacienciaporgusto.blogspot.com

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