Los siete pecados evitables

Los siete pecados evitables Hugo saludó al insomnio en plena madrugada. Palpó el cuerpo que dormía a su lado. Los recuerdos mitigaron el silencio. En la penumbra de la habitación apenas alcanzó a distinguir los últimos años de su vida. Echó de menos la lujuria de los primeros días con Lola. La gula con la que saciaban sus cuerpos. Por aquel entonces, ella era la mujer de otro. Tras las despedidas, al caer la noche, él enfermaba de ira al quedarse solo. La envidia no le dejaba dormir al imaginar «al otro» durmiendo al lado del cuerpo de su pasión. La avaricia le cegó la razón. Una de esas tardes de amor clandestino, invadido de soberbia, se la jugó: « O te quedas conmigo o no vuelvas». Ella se quedó. Hugo cerró los ojos. Le gustaría entender por qué, desde entonces, la pereza también se quedó a vivir con ellos.

Alejandra Díaz-Ortiz
Pizca de Sal.Trama Editorial 2012

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