La indignante cobardía de nuestras autoridades

La indignante cobardía de nuestras autoridades

Destruir una escuela, ¿no es, en sí mismo, un acto abominable? Luego entonces, ¿cómo es que las autoridades de este país se quedan cruzadas de brazos y agachan la cabeza ante una turba de fanáticos violentos, ignorantes e irrespetuosos?

Y, ¿cómo es que los ciudadanos de México no respondemos masivamente para exigir que se respeten las libertades consagradas en nuestra Constitución, ni más ni menos, y que la nación no sea un espacio sojuzgado por catervas de talibanes (lo que nos faltaba, señoras y señores), sino la patria ordenada y tolerante que merecemos?

¿Acaso se van a salir con la suya estos sujetos, violando impunemente la ley e imponiendo a los demás sus creencias y sus usos medievales en pleno siglo XXI? ¿No ha sido la laicidad del Estado uno de los más clamorosos logros de la modernidad y un pilar fundamental del proceso civilizatorio? ¿No aseguran nuestras leyes la absoluta libertad de cultos religiosos?

Ah, y, sobre todo, ¿no es la destrucción arbitraria de un edificio escolar, como la de cualquier otra propiedad privada o pública, un delito que no merezca, en automático y por mandato explícito de la ley, la inmediata respuesta de las autoridades, la reparación del daño patrimonial y de los perjuicios causados a terceros, la celebración de un proceso penal y, finalmente, el castigo de los culpables?

¿En qué país vivimos? ¿Qué mensaje están enviando los representantes del Estado a la sociedad? Si la respuesta de nuestros gobernantes ha sido tan acobardada y pusilánime, ¿qué diablos podemos esperar, en el tema de la administración de la justicia, cuando uno de los primerísimos problemas de México sigue siendo la cultura de la ilegalidad? ¿No es devastador, desde el punto de vista de la moral pública, que la ley no se aplique y que a los padres de los chicos afectados se les proponga “reubicarlos” en otros lugares (y, luego entonces, que los fanáticos sigan violentando tranquilamente las leyes en un territorio que, hasta nuevo aviso, es parte de la República)?

Qué vergüenza y qué indignación.

Román Revueltas/mileniodiario

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