¡El rey ha muerto!

¡El rey ha muerto!

Finalmente los acontecimientos en el PRD se están desencadenando luego de seis años de jaloneos y ríspidas pugnas. Finalmente el panorama se aclara y nos deja ver con cierta nitidez cuál es la viuda que se quedará con los despojos de un marido agonizante.

Luego de una eternizada lucha entre Nueva Izquierda y Andrés Manuel López Obrador, una pelea rabiosa por el control del perredismo, ya hay un ganador: Los Chuchos se impusieron aun a costa de la devastación de un partido político del que solo queda algo más que un cascarón con una ficticia presencia en el Congreso.

Porque no hay que engañarse, aun cuando hay 100 diputados y 22 senadores perredistas, lo que puede considerarse un número respetable; no hay que olvidar que esta cantidad se logró gracias al efecto López Obrador y que tanto en el Senado como en San Lázaro hay una clara división entre los chuchistas y los pejistas, lo que vaticina fracciones parlamentarias no solo enfrentadas, sino, lo que es peor, fragmentadas.

Así que finalmente ayer el PRD, sus cuatro gobernadores y el jefe de Gobierno capitalino le sacaron la vuelta al tabasqueño y abiertamente reconocieron a Peña Nieto como presidente electo, con quien tienen que trabajar y lograr acuerdos, cosa que nunca hicieron con Felipe Calderón.

Y ya sin complejos o cortapisas, Jesús Zambrano, político tradicionalmente congruente y uno de los líderes emblemáticos de Los Chuchos, le abrió de par en par la puerta a López Obrador para que se vaya.

Lo que antes escandalizaba, la posibilidad de una ruptura y la conformación de un nuevo partido ya no ocasiona ninguna incomodidad en el PRD, parece que hay la certeza de que esto ocurrirá más temprano que tarde.

La relación entre el PRD y López Obrador parecía un matrimonio forzado en el que nunca los involucrados lograron acomodarse; cuando han tenido que estar juntos siempre lucen acartonados, y cuando se alejan despotrican el uno del otro de manera desbordante.

Así que el desenlace era de esperarse, López Obrador sabe que no cuenta con el tiempo —el cual tiene comprometido en su campaña de impugnación a Enrique Peña Nieto— ni con la estructura para disputar formalmente a Nueva Izquierda el control del PRD.

Por lo tanto ha optado por lo más sano, decir adiós al partido que lo cobijó cuando dejó el priismo y tratar de conformar una nueva oferta política nacional.

Así que este domingo el tabasqueño tiene preparado ya el anuncio de la ruptura definitiva y lanzará la convocatoria para una consulta nacional a realizarse posiblemente en noviembre para la formación de un nuevo partido.

Medida sabia de parte de López Obrador, pues solo con un nuevo partido podrá mantener su campaña y darle cuerpo a eso que hace dos semanas denominó como “desobediencia civil”, ya que en el PRD no cuenta con el nivel de incondicionalidad para lograrlo.

Y de rebote, el PRD, ese vapuleado partido político, podrá, al menos, tener un respiro para rehacerse y volver a ser una opción política nacional.

Francisco Garduño/mileniodiario

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