El patrioterismo de envolverse en la bandera

Juan Miguel Zunzunegui

El patrioterismo de envolverse en la bandera

Llegó velozmente el mes de la patria y junto con él se dejaron venir los discursos patrioteros. El mes en que comienza la guerra de independencia, el mes en el que culmina, el mes de los niños héroes y el del nacimiento de Morelos; tiene de todo. Sacaremos banderas, nos pintaremos la cara, tomaremos más tequila, mentaremos más madres que de costumbre, gritaremos muy fuerte vivas a héroes de los que sabemos muy poco, y antes de que llegue la última semana del mes tal vez ya seamos tan antipatriotas como de costumbre.

Y es que el patriotismo de este país es muy curioso y ante todo muy confuso. Pensamos que tiene que ver con gritar más fuerte o pronunciar mejores discursos y, cual niño héroe, envolvernos en la bandera. Esta última expresión es interesante, envolverse en la bandera; y solemos usarla para describir a un político demagógico que pronuncia discursos patrioteros y habla del orgullo de ser mexicano, pero que probablemente en el fondo no siente nada de lo que está diciendo. De nada sirve pronunciar bonitos discursos y llevar a cabo acciones simbólicas si no se ven acciones con resultados positivos para el país.

El primero en envolverse en la bandera fue uno de los niños héroes de Chapultepec, cuando dejaron sus vidas peleando contra los invasores norteamericanos, aunque ese episodio en específico es muy dudoso. Todos conocemos la historia de los cadetes del Colegio Militar, tienen un monumento y adornaron por muchos años los billetes de cinco o cinco mil pesos. Pero, y hay que decirlo, los niños héroes no ganaron nada, llevaron a cabo un acto épico de amor a la patria al pelear una batalla que ya estaba perdida, pero eligiendo el sacrificio antes que la rendición.

Uno de ellos, cuenta la leyenda, se envolvió en la bandera tricolor para aventarse al vacío antes que las tropas gringas mancillaran nuestro lábaro patrio. Eso fue un día 13 de septiembre. El 14, la bandera norteamericana ondeaba en palacio nacional y nadie en Estados Unidos se lamentaba de que no consiguiera la bandera en el Cerro del Chapulín.

Es decir, de qué sirvió envolverse en la bandera; simplemente de nada, pero llevamos más de 150 años festejándolo. Una guerra que se perdió, pero luchando con orgullo y dignidad, la forma en que debe perder un buen mexicano: con la frente en alto. Luchar no sirve de nada si no es para ganar, sea con orgullo o sin él, con pundonor o sin él, con enjundia o sin ella; lo que finalmente importa, es quién gana. Ese México podía haber ganado la guerra a Estados Unidos, quizás, pero sólo estando unidos; algo que no ha sucedido ni ante la invasión extranjera; algo que nos urge en el siglo XXI.

Fuente: http://www.lacavernadezunzu.com

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