El derecho irrenunciable a blasfemar

El derecho irrenunciable a blasfemar

Ahí los tenemos de vuelta, a los bárbaros de Musulmania —agraviados primeramente por un filme estúpido que ni siquiera han visto y luego todavía más enfurecidos porque un semanario satírico francés se ha tomado la libertad de ultrajar la figura de su intocable profeta—, perfectamente dispuestos a asesinar al cineasta de turno, a incendiar las instalaciones del antedicho hebdomadario, a estallar explosivos en una plaza pública y a linchar a un par de editores. No faltan tampoco las consabidas amenazas lanzadas contra Estados Unidos (de América) porque no se dan por satisfechos tras haber perpetrado ya, ese fatídico 11 de septiembre, un abominable atentado en el que murieron miles de inocentes. Y no parecen tampoco impresionarles demasiado unas cifras donde queda palmariamente establecido que los principales sacrificados por el terrorismo islamista han sido ellos mismos, los civiles de sus pueblos, destripados por los coches-bomba o los suicidas en Bagdad, Kabul, Casablanca, Estambul y tantas otras ciudades.

Y ahí están igualmente esos líderes políticos de Occidente, pidiendo disculpas y tratando de congraciarse con los asesinos. O sea, que se han acobardado ante la mera disposición a matar de esos brutos como si la perspectiva del asesinato fuera una razón disuasoria por encima de nuestra legalidad soberana y como si la violencia irracional debiera prevalecer sobre los principios de tolerancia, diversidad y libertad que distinguen a las sociedades abiertas.

No es porque un fanático trasnochado quiera acuchillarte que debas renunciar a tus derechos fundamentales. Allá, en aquellos países, nunca lo han entendido. Aquí sí lo tenemos muy claro y estamos obligados a defender nuestras libertades cada día. Pues eso.

Roman Revueltas/mileniodiario

Nota: la caricatura no estaba en el articulo

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