¿Culpa de internet o de las familias?

Por: Juan Arias 

El más moderno chivo expiatorio es internet. Siempre buscamos uno para intentar salvarnos. Hoy la víctima es la pantalla líquida, generadora, al parecer, de todos los males que aquejan a nuestra sociedad y sobre todo a nuestros jóvenes y adolescentes.

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Hasta el catedrático de Física brasileño, Pierluiggi Piazzi ha afirmado que internet está creando jóvenes “imbecilizados”, más aún, “enfermos mentales”, una “generación talidomida”. Lo prueba con el hecho de que se están creando en los hospitales departamentos para la “desintoxicación de enfermos de internet”.

Dicen también que hay hasta quién hace hoy psicoanálisis para poder librarse de la tiranía del móvil y que hay personas que sólo comunican con los demás, incluso ante su presencia a través de él.

Puede que todo ello sea verdad y que internet aparte a los jóvenes de la lectura que esa, dicen, no crea dependencia, aunque nuestro Don Quijote, nos enseña que el exceso de lecturas, en su caso de de caballerías, había trastornado la cabeza del Hidalgo creado por Cervantes.

Sin duda es más fácil enfermarse por exceso de la pantalla que por la lectura, que puede hasta ser terapéutica.  Sin olvidar que hoy se pueden leer todos los libros que se desee también en la pantalla líquida, porque internet es todo, hasta la gran biblioteca del saber universal.

Internet
Lo que ocurre es que, como bien ha analizado, el escritor Zuenir Ventura, la verdadera culpa, no es de internet ni del móvil, sino sobretodo de las familias que no saben inspirar en los adolescentes el amor por la lectura ni en los libros de papel ni en la tela.

Será muy difícil que en una familia donde no se compran libros, donde nadie lee, donde los padres se pasan también el día y parte de la noche, a veces, pegados a internet, no para leer libros o periódicos sino para jugar y divertirse con la basura digital, pueda un adolescente sentir amor por la lectura.

Eso ya ha pasado con todas las otras nuevas invenciones a lo largo de la Historia.La Iglesia llegó a condenar el tren porque, según ella, “dividía a las familias”.La más reciente, antes de internet, fue la televisión. De ella se escribieron entonces las mismas cosas y se lanzaron contra ella las mismas acusaciones que hoy se hacen a internet. Y sin embargo la televisión, como hoy internet, nos trajo a nuestra casa lo mejor y lo peor del mundo y de la vida. Es sólo saber escoger.

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No se trata de prohibir, sino de la fuerza del ejemplo. Los adolescentes, aunque rebeldes por naturaleza, siempre tienen en sus padres, un ancla de imitación aunque sólo sea subconsciente. Son, aún sin ellos saberlo ni quererlo, sus modelos de identificación. Basta ver cuantas veces los hijos al formar una nueva familia repiten la identidad de sus padres al escoger a sus nuevos compañeros o compañeras.

Lectura en familia 2Prohibir no sirve, aunque a veces pueda ser positivo e instructivo si esa prohibición es razonada y compensada con alternativas creíbles. Yo mismo viví un caso de esos en familia. Cuando mi hija Maya, tenía unos diez años, llegaba de la escuela, tiraba su mochila al suelo, hacía corriendo los deberes y enseguida encendía la televisión. Entonces aún no había internet.

Pregunté a los profesores cómo iba en clase y me dijeron que podía ir mejor dadas sus capacidades. Sabido eso, decidimos que en casa la televisión se abría sólo a la hora de la cena. Desesperada, nuestra hija, nos preguntó qué iba a hacer cuando acabara los deberes. “Todo lo que quieras. Tu misma escoges. Todo, menos la televisión. Puedes, por ejemplo leer. Te compraremos, si quieres  todos los libros que más te gusten”.

¿Qué pasó? Que viendo que tenía toda la tarde libre, al ponerse a hacer los deberes, en vez de despacharlos rápidamente, les dedicó mucho más tiempo. Enseguida su rendimiento en la escuela mejoró notablemente.

Cuando acababa los deberes, viendo que no podía ver la tele, empezó a leer. Se entusiasmó y a los doce años leía Shakespeare en original.

Lectura en familiaHoy adulta y madre de dos niños, no sólo es una gran lectora sino que les ha inculcado a sus hijos, casi desde la cuna, la magia de los libros. Usan también internet, pero comparten con ella y sin tensiones, el placer por la lectura.

Lo que no se puede hacer con la lectura es imponerla, casi como una obligación o un castigo. Tiene que ser un ejercio lúdico, que ofrezca placer, por lo menos el mismo que les producen los juegos en internet.

Ya adultos, podemos hasta aceptar lecturas que son duras de roer, autores difíciles, pero que ensanchan nuestra inteligencia y nuestra capacidad de interpretación literaria. En general, sin embargo, la lectura, sobretodo para los adolescentes, debe ser sobretodo lúdica y apasionante.

Así, por lo menos, opinan los psicólogos y pedagogos más modernos. Tema complejo, sin embargo que invita a la reflexión.

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http://blogs.elpais.com/vientos-de-brasil

 

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