Construir o Destruir México

Juan Miguel Zunzunegui

 Construir o Destruir México

Un nuevo mes patrio en el que todos gritaremos vivas y mentadas, en el que el tequila y los fuegos artificiales nos evadirán de la realidad, en el que la bandera ondeará en las astas y ornamentará los capós de los taxis. Es el mes en que celebramos a México, pero como siempre, lo festejamos con ruido, con ebriedad, con mitos, con rencores, con división social, con miedos, con ataduras al pasado, con desconfianza…, y con mucho escándalo para que no nos demos cuenta de ello.

Todos los mexicanos debemos festejar a México, este mes y todos los demás, pero debemos conmemorar su existencia, por encima de la fiesta y el escándalo, con reflexión y serenidad…, con la unión de todos los mexicanos que se proclamara en el Plan de Iguala en 1821, y que aún no llega. Celebremos a México construyéndolo, reforzándolo, uniéndolo, modernizándolo, TRABAJANDO y sacándolo del camino de la revolución.

Poco festejo se antoja cuando el dinosaurio ha vuelto…, pero el dinosaurio volvió por nuestra culpa, por nuestra división, por ser un pueblo que muy poco analiza y recuerda su historia, y que se deja cegar por ideologías. Precisamente, como todo partido revolucionario en el mundo, el PRI lo que sabe hacer es aferrarse a ideologías anacrónicas, y usarlas como pretexto para lo que sea, con tal de obtener, mantener o recuperar el poder. lo logró.

Comencé a escribir al recordar una frase de la exposición del bicentenario en Palacio Nacional: “México, la patria en construcción”. Después estuve viendo murales de todos los supuestos próceres mexicanos,  los que según nos dicen, nos han dado patria. Hay una realidad, la construcción de una patria no es cosa del pasado como muchos comodinos quisieran, es cosa de todos los días, y más importante que venerar a estatuas heroicas del pasado es ser los héroes que construyan la patria de hoy.

Tristemente vi pinturas y textos que colocan en el mismo grado de heroicidad a los que han construido y a los que han destruido. Ahí está el problema, México venera y celebra a muchos que han destruido a la patria, y olvida a muchos que la han forjado.

Algo que ya he criticado antes: a todo los “libertadores” y a todos los “revolucionarios” los coloca el dogma histórico como iguales como si en verdad hubiesen peleado unidos una misma guerra con los mismos objetivos en vez de aniquilarse unos a otros. HOY, lo que debemos considerar heroico y conmemorable es aquello que construya, y rechazar todo aquello que destruya. Y en ese sentido, nuestra historia está torcida desde sus cimientos.

Comencemos por Hernán Cortés, villano por excelencia, tildado de nefasto conquistador de un México que ni existía entonces. Destruyó desde luego, pero no la patria actual, sino un mosaico cultural en la edad de piedra, y sobre eso construyó un nuevo reino, el germen de lo que somos hoy.

Miguel Hidalgo luchó cuatro meses, levanto en armas a una multitud iracunda con discursos de rencor social y promovió el saqueo, la rapiña y la venganza, sin usar una sola vez en sus arengas la palabra independencia o libertad. Ese supuesto padre fue un destructor. Morelos, por el contrario, también en medio de guerra, propuso, generó ideas, habló por vez primera de libertad y dejó un ideario escrito en sus Sentimientos de la Nación, prohibió las venganzas y los crímenes de odio racial, y comenzó a conquistar un territorio para establecer en él una nueva patria republicana y libre. Fue derrotado, pero fue un constructor, por eso Morelos es un héroe.

Vicente Guerrero dijo una bonita frase, “la patria es primero” y nada más, luego fue el primer perdedor inconforme de nuestra democracia, el primero en desconocer resultados y el primero en dar un golpe de Estado mezclado con saqueo furibundo y rabioso. En ocho meses de presidencia sumió al país en el caos y permitió que los estadounidenses colonizaran Texas, todo como títere de Joel Poinsett. Guerrero fue un destructor.

Iturbide luchó contra Hidalgo precisamente porque se dedicaba a destruir, y es cierto, luchó contra Morelos y fue el que lo derrotó, en una época en que la insurgencia se aniquilaba entre sí, no tenía pies ni cabeza y jamás llegaría a la independencia. Seis años después Iturbide construyó una patria libre, es uno de los grandes constructores de la patria, y ahí está abandonado como villano histórico.

Juárez fue parte de una destructiva guerra, pero el balance general de don Benito lo coloca como un gran constructor, el constructor ideológico de un país moderno que tuvo que enfrentarse al mayor destructor de este país a partir de la independencia: la Iglesia. Juárez construyó la idea de la igualdad ante la ley, del Estado laico, de la supresión de fueros, de la libertad de expresión…, por gobernar la mitad de sus quince años como dictador (porque es lo que fue) en medio de guerra, construyó muchas ideas que no lograron materializarse, pero entonces llegó el gran constructor de este país: Porfirio Díaz.

Don Porfirio construyó a México, lo consolidó, lo hizo respetable y respetado. México a finales del siglo XIX fue el proyecto de Porfirio Díaz, no el de un pueblo apático que nada hacía. Díaz construyó un Estado, es por lo tanto alguien a quien conmemorar: un constructor. Pero 34 años ininterrumpidos de construir progreso se derrumbaron cuando un hombre bueno, ingenuo, incompetente, y títere norteamericano, jugó a la revolución: Madero destruyó todo lo logrado en más de tres décadas en tan solo un año, y sumergió al país en un caos que devino en una guerra de dos décadas que hoy malamente llamamos revolución…, y que sigue siendo pretexto para destruir.

A partir de esa barbarie hubo constructores y destructores: Zapata y Villa pertenecen a los segundos. No sólo no ganaron la revolución, sino que se dedicaron por años a evitar que un nuevo gobierno fuese estable. Zapata es el rostro del rencor y la venganza, mientras Villa fue un bandolero bipolar elevado a héroe por los historiadores de quincena. En ese caos, Carranza y Obregón trataron de construir, y con el gran lado oscuro que ambos tienen, lo lograron, pero fue un hombre después de ellos el gran reconstructor de México tras 14 años de guerra: Plutarco Elías Calles.

Calles pasa hoy como un hombre gris, pues se le culpa de crear al PRI, lo cual en primer lugar es falso, y en segundo lugar, no lo hizo para establecer una dictadura de partido sino para meter en orden a las diversas facciones que aún buscaba el poder a balazos. Calles unió el país con carreteras, reconstruyó su sistema económico y trajo inversiones de Estados Unidos y Europa. Sí, era un matón como lo fue Obregón, pero quién no lo es en medio de una guerra, y en ambos casos su balance es positivo: construyeron patria mientras otros seguían destruyéndola.

Hasta Cárdenas que tan mal me cae en lo personal, fue un constructor, y lo mismo hay que decir de Miguel Alemán, vaya, quitando radicalismos, hasta debemos decir que, con todo su lado oscuro, el PRI construyó entre 1940 y 1968. Desde entonces comenzó la destrucción masiva.

HOY, que la patria sigue requiriendo de construcción, eso es lo que hay que pensar en cada héroe que veneremos, cada político al que sigamos y cada acto que emprendamos: ¿destruimos o construimos a México? Construir es heroico y patriótico; destruir, desunir, bloquear…, eso es lo que debe considerarse contra la patria.

Si trabajas y pagas impuestos construyes, si NI estudias Ni trabajas Ni pretendes hacerlo, sólo destruyes. Si participas construyes, si te escondes en la apatía destruyes, si analizas para proponer construyes, si sólo críticas sin dar alternativas destruyes. Si pretendes vivir de tu esfuerzo construyes, si pretendes vivir del gobierno, de un partido o de un caudillo, destruyes mucho. No contaminaré esto de política, que cada quien lo piense: ¿TÚ CONSTRUYES O DESTRUYES A MÉXICO?

Fuente: http://www.lacavernadezunzu.com

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