Trabajar en el edificio más alto del mundo da vértigo

La Torre Khalifa, rescatada «in extremis» de la burbuja inmobiliaria, no encuentra compañías que quieran trabajar en ella

Burj Dubai (Torre Dubai), conocida oficialmente como Burj Khalifa (Torre Khalifa), es el edificio más alto del mundo con sus 828 metros de altura. Se ha convertido en el refugio de un puñado de “ricachones” para quienes ni el vértigo ni el dinero son un problema. Pero, ¿por qué las empresas no quieren instalarse allí?

Trabajar en el edificio más alto del mundo da vértigo

Trabajar en el edificio más alto del mundo da vértigo

Torre Dubai alberga en su interior 900 apartamentos de lujo que están ocupados prácticamente en su totalidad (y cada vez más caros), además de un hotel y diversos locales comerciales. En sus tripas hay “sólo” 37 pisos de oficinas que, sin embargo, sólo están a un tercio de su capacidad. Son las dos caras del edificio más emblemático de Oriente Medio.

La visita al rascacielos más alto del mundo se ha convertido, además, en un clásico entre la población local y los turistas, que pagan 100 dólares para contemplar las vistas desde el piso 124. Pero sus responsables no consiguen que la torre se convierta también en un centro de negocios. Una mala planificación y unos precios por las nubes –nunca mejor dicho- tienen la culpa.

Según los expertos consultados por BBC Mundo, 20 de los 37 pisos de oficinas están desocupados, y el resto ocupados sólo en parte, pese a que antes de que terminara la construcción de la torre (y de que estallara una burbuja inmobiliaria que estuvo a punto de dar al traste con el proyecto) se dio cerrada la venta de prácticamente todos los locales.

El precio de las oficinas, el doble
¿Por qué se han echado atrás las empresas? Por un lado, según Alan Robertson, director ejecutivo para Medio Oriente de Jones Lang LaSalle, por una simple cuestión de precio, ya que una oficina en el rascacielos cuesta el doble que el de una propiedad de las mismas características a 50 metros de distancia.

En segundo lugar, porque, con los tiempos que corren, la ostentación es un arma de doble filo, yaparentar demasiado se ha convertido de repente en una mala política de imagen. Es el caso, por ejemplo, de los bancos, que no se arriesgan al coste que supondría presumir de estar en lo alto del edificio más glamouroso del mundo.

En su lugar, prefieren permanecer en edificios más modestos, ajenos a las miradas envidiosas de clientes e inversores. Quién lo iba a decir.

El tercer motivo de esta huida de las empresas es un error de planificación. Las plantas superiores son demasiado estrechas, con lo que una compañía de medio tamaño necesitaría ocupar más de una, que, para más inri, pertenecen a dueños diferentes. Ponerlo de acuerdo, por lo que se ve, es poco menos que una odisea.

Mientras, el “gran Dubai” se ha quedado en poco más que una espigada torre. Antes de la crisis de 2009 sus promotores alardeaban de que iban a levantar en el lugar un “nuevo Manhattan” con más de 80 torres. De momento, su objetivo es llenar la primera de ellas.

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