Michelada veraniega

Por: Mikel López Iturriaga 

Vg EPS solos michelada
Premio Nobel para el que inventó esto. / VICENS GIMÉNEZ

 

Desde que probé por primera vez la michelada hace unos 300 años, profeso una devoción sin límites por ella. Este jariguay mexicano integra tres elementos que me apasionan: el frescor de la cerveza helada, la acidez de la lima, el picante del tabasco. Es imposible no sentirte redivivo después de tomarte una michelada en un día de calor, supongo que por el efecto subidón del líquido, el chile y la sal.

El cóctel se puede hacer de mil maneras: hay quien le pone zumo de tomate o clamato, un producto mágico compuesto de tomate, especias y extracto de almeja. Como estamos en verano, yo he elegido una versión lo más ligera y fresca posible, que no pretende ser ni la original, ni la única, ni la mejor (aunque no sé para qué me esfuerzo en decir esto, porque me apuesto un brazo a que habrá comentarios en plan “eso no es michelada”, “la michelada auténtica se hace así”, bla, bla, bla, bla). Si se quiere potenciar el picante, se puede añadir un poco de chile molido o pimienta de cayena al cóctel o a la sal del borde del vaso.

Ingredientes

Para 1 persona

  • 1 cerveza muy fría

  • 1 lima

  • Tabasco

  • Salsa Worcestershire (Perrins)

  • Jugo Maggi (opcional)

  • Sal

Preparación

1. Poner sal en un plato. Mojar un vaso grande y poner el borde sobre la sal para que se quede pegada.

2. Añadir hielo, zumo de lima al gusto (dos cucharadas puede estar bien), una pizca de sal y unas gotas de tabasco, de salsa Worcestershire y de jugo Maggi si lo encuentras.

3. Terminar con la cerveza bien fría y servir inmediatamente.

http://blogs.elpais.com/el-comidista

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