Lance Armstrong el Grande

 Lance Armstrong el Grande

Si hay un deportista que admiro, ése es Lance Armstrong. Con dopaje o sin él, es un portentoso campeón. Y, por favor, no defiendo a los que utilizan sustancias ilegales para conseguir una tramposa ventaja sobre los demás. Por lo pronto, hay que decir que Armstrong superó todos los controles antidopaje a los que fue sometido cuando ganó esos siete Tours de Francia. Si ahora las pruebas clínicas de detección son mucho más rigurosas pues entonces quienes deben ser sancionados son los ciclistas de hoy. Que al Grande, así con mayúscula, lo dejen donde está y con sus laureles, por favor.

Ah, y en todo caso, es cosa sabida y asumida que si Armstrong se dopaba –algo, repito, que no fue registrado en las pruebas que le hicieron— pues entonces sus rivales directos también lo hicieron y no podemos hablar así de que los posibles provechos fueran exclusividad suya. El hombre compitió en absoluta igualdad de condiciones.

Pero, ¿por qué la inquina de la USADA, la agencia antidopaje de nuestro vecino país del norte? Y, sobre todo, ¿por qué el castigo retrospectivo a un gran campeón, el más grande ciclista de todos los tiempos?

Hay una gran hipocresía en todo esto, señoras y señores, y observamos una especie de vengativo resentimiento en esos burócratas que, arrogándose el papel del gran juzgador, pretenden reescribir a su puro arbitrio la historia del ciclismo mundial. Es la revancha de los puritanos, incapaces de reconocer los descomunales logros del héroe y que, encima, se regocijan ahora de verlo destronado. Es el triunfo de la tramitología por encima de las hazañas.

Pero, si se le quitan a Armstrong sus títulos, ¿quién los va a recibir? No es una pregunta ociosa, lectores. Porque, miren ustedes, dos de los ciclistas que llegaron en segundo lugar también son sospechosos y su hoja de servicios tampoco está limpia: JanUllrich ha sido implicado en investigaciones por dopaje y Alex Zülle no sólo estuvo bajo sospecha sino que confesó inclusive haber utilizado el estimulante EPO. ¿Van a coronar a unos campeones de reputación todavía mucho más dudosa?

Armstrong, por fortuna, está por encima de cualquier intento de reinterpretar la historia. Jamás podrán ser borradas las imágenes de sus triunfos y de sus épicas carreras. Como él mismo dice: “En la más dura competencia del mundo, ganó el tipo más duro del mundo. Nadie podrá nunca cambiar eso”. Nadie, en efecto, Lance.

Román Revueltas/mileniodiario

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