La increíble Ibiza

La increíble Ibiza

Ibiza sigue haciendo gala del misticismo de los años 60. claro, que algo más decadente. En aquel entonces se luchaba por la libertad y por hacer el amor y no la guerra. Hoy hacen el amor como cosacos. Sí, es un guerra la de Ibiza pero, de todos contra todos. Eso es lo que ha cambiado.

Ya no hay hippies. Han cambiado por drag queens gigantescas. Cuerpos esculturales de ellos y ellas que parecieran que han pasado por la tortura de gimnasio de la era de Torquemada y la Inquisición para machacarse durante 11 meses y exponer sus cuerpos durante 30 días en la Isla Pitiusa.

En el puerto de Ibiza existe todo un paseo de “personajes” a primeras horas de la noche. El sol se muere y como vampiros se despiertan gigolós trasnochados, jóvenes empastillados, mujeres que olfatean al hombre, hombres que buscan a su presa, drag queens con plataformas alargadas. Y todos en un crisol de lenguas y dialectos que se confunden con un lenguaje no verbal. Uno de mirada a veces tierna, a veces tórrida; otras concupiscentes; la mayoría de las veces, lasciva.

Porque Ibiza sigue siendo sinónimo de Fiesta aunque me pregunto cómo se puede pasar de discoteca en discoteca durante 24 horas bailando y bebiendo y volviendo a bailar sin que no salga líquido sinovial de la rodilla. Porque es tan fascinante como extenuante.

Y lo más admirable es ver a las Gogo Girls baile que te baile sobre unos tacones que se convierten en le envidia de cualquier equilibrista que se precie de ello. Pueden estar horas bailando como si el tiempo no pasara por ellas y solo el sudor termina mezclándose con unos tatuajes, en forma de escorpión que acaba donde empieza lo prohibido solo para algunos.

He venido a Ibiza tan solo 24 horas para hacer un reportaje y me voy como llegué, con los ojos muy abiertos.

Pueden pasar los años para todos. Aquellos hippies que reclamaban sexo libre hacen 30 años, hoy son ancianos con sus tatuajes desdibujados por la edad. Todos somos más mayores. Pero Ibiza sigue ahí, también más mayor, más desdibujada pero con el mismo espíritu que siempre tuvo y que muchos posteriormente la imitarían. Por eso, porque es única, porque fue la primera.

Alberto Pelaez/mileniodiario

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