Juegos Olímpicos y marcas

 Juegos Olímpicos y marcas

Durante los Juegos Olímpicos de Londres ha destacado el uso de Twitter, al grado que en la ceremonia inaugural se enviaron 9.66 millones de tuits, que prácticamente son más que todos los enviados cuatro años atrás durante los de Pekín. Pero algo también ha sido notorio es que muchos mensajes para criticar la actitud soberbia del Comité Olímpico Internacional (COI).

Las críticas derivan de que el COI “obligó” al gobierno británico a poner en marcha duras medidas de protección de los derechos de autor y de marcas relacionadas con los Juegos Olímpicos. Desde hace seis años, el Parlamento votó una ley sobre una política de marca de las Olimpiadas para garantizar exclusivas a los patrocinadores del COI: Coca-Cola, McDonalds, Adidas o Samsung.

La autoridad de los Juegos Olímpicos cuenta con un ejército de 280 personas para hacer cumplir las regulaciones en los comercios, en las 28 sedes, y la protección de la marca olímpica alcanza a cualquier negocio con el fin de velar por el estricto cumplimiento de la política de marca durante los juegos. Así, las reglas llegan a absurdos tales que nombres de negocios que datan de tiempo atrás como Olympic Bar u Olympus Hotel, de Londres, recibieron la orden de cambiar sus nombres o atenerse a severas multas. Un panadero debió retirar de su escaparate una muestra de un pan que había hecho en forma de aros.

A Twitter llegó la suspensión de cuentas de los activistas que protestaban contra los Juegos Olímpicos de Londres porque, según se dijo, usaron palabras que violan la política de marca que prevalece en dichos juegos. E incluso hay un ejército de personas que se dedica “a peinar” las redes sociales (Twitter, Facebook, YouTube…) para detectar las violaciones de marca que se dan en dicha dimensión.

Lo cierto es que los Juegos Olímpicos en curso refieren que las normas aplicadas por el COI, para proteger sus derechos de propiedad intelectual, socavan gravemente la esfera pública y afectan prácticas públicas esenciales de los seres humanos. Lo que sucede en estos juegos olímpicos es reflejo de esa feroz tendencia de protección de la propiedad intelectual, que en su afán de mayores réditos monopoliza símbolos y palabras con un efecto devastador sobre las libertades individuales, la economía, la cultura y las prácticas humanas.

Antulio Sánchez/mileniodiario

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