Donde hubo fuego, cenizas quedan…

Donde hubo fuego, cenizas quedan...

Ni eso, un día, duró a la Liga más lucrativa del mundo la lección olímpica. El futbol apagó con una vil “meadita” lo que quedaba del fuego, ni las cenizas dejó. Horas después de la clausura de Londres 2012, todavía con atletas envueltos en banderas y aficionados en retiro espiritual, llegaron los agiotistas exigiendo el pago puntual por los derechos de su campeonato a un mercado exhausto y deprimido. Real Madrid y Barcelona, que en los últimos 10 años han gastado cincuenta veces más dinero que en toda su historia, volvieron a poner en ridículo la caballerosidad del deporte al impedir, en contubernio, que cambie el status quo que los enriquece. El resultado es una Liga con 13 equipos disidentes (hartos del reparto comercial), futbolistas con sueldos caídos, clubes quebrados, embargados o intervenidos; patrocinadores huyendo por las ventanas y el publico buscando las salidas de emergencia. El gobierno español concilió un duelo entre particulares de interés general. Lo último que le faltaba a España, campeona total, es que su futbol también se arruine. Es la historia de siempre con este deporte, sus dueños cruzaron la línea entre el negocio y la usura hace mucho tiempo. La diferencia con el nadador, el velocista o la gimnasta es ésta: no pertenecen a nadie, no viven depositados en la bóveda del banco, son libres, no tienen dueño. Setecientos millones de euros por temporada parecen insuficientes, los actuales propietarios de la explotación televisiva piden más. Pero no hay modelo económico en toda Europa que lo sostenga, se apuesta a los capitales árabes, vender La Liga como el hobbie de algún jeque con Messi (120) y Cristiano (90) dentro de una cajita musical, a la que hay que darle cuerda para funcionar.

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo/mileniodiario

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