AMLO afila su cuchillo… de palo

AMLO afila su cuchillo… de palo

El término argucia se aplica a todo “argumento falso que se presenta con habilidad e ingenio para hacerlo pasar por verdadero”.

Y la palabra legaloide, que no aparece en los diccionarios, tiene sin embargo un empleo tan común como sencillo de entender: se usa para lo que, aunque parezca, no es legal (otra que sí figura: ovoide, es para lo que tiene forma de huevo, pero desde luego no es un huevo).

Estas obviedades vienen a cuento por los muchos que viene contando Andrés Manuel López Obrador desde que fracasó por segunda vez en su obsesión por merecer la Presidencia.

Dijo ayer que no aceptará “ninguna argucia legaloide” del Tribunal Electoral: la institución que dará su fallo inapelable sobre la elección en que, según el IFE, el priista Enrique Peña Nieto sacó el mayor número de votos.

La insidiosa mención de que los magistrados electorales pueden salir con una “argucia legaloide” confirma la siniestra insensatez en que López Obrador está montado: no aceptar que perdió por la friolera de tres millones 329 mil 785 votos (no los tristes 243 mil 936 con los que le ganó el panista Felipe Calderón), equivalentes a 6.62 puntos porcentuales (en vez del cardiaco 0.56 de 2006).

Pretende se invalide la elección a partir de una humillante premisa: que Peña y el PRI compraron “cinco millones de votos”, lo cual desmiente su cacareada prédica de que “la gente” o “el pueblo” es tan a todo dar que lo quiere como Presidente.

Cierto es que la corrupción (con su siamesa impunidad) forma parte sustantiva de la idiosincrasia de amplios sectores de la sociedad. El propio López Obrador la tomó en cuenta cuando, en vez de sugerir que se levantaran denuncias, alentó a los electores a dejarse sobornar, siempre y cuando votaran “libremente” por él.

Pese a su tenaz empeño, nada de lo presentado (dentro y fuera de las instancias responsables) como “prueba” de su vaga y tumultuaria calumnia sirve para sostener tan ofensivo y colosal señalamiento.

Aun si el IFE, el Tribunal Electoral o la Fepade hallaran (en los capítulos Monex, Soriana, Scotianbank-Videgaray-gobierno del Edomex; llaveros, gorras, pollos y playeras) “compra de votos” (que practican también los partidos que lo apoyan), calcular con estrecho margen científico de error “cinco millones” el total de electores corrompidos es imposible, a menos de que los “comprados” también confesaran y probaran algo tan demencial.

La semana pasada, AMLO advirtió que la “invalidez” de la elección presidencial es el “único acuerdo” aceptable.

Todo o nada, pues, a sabiendas de que todo, peor que imposible, es impensable de lograr.

Lo irracional tanto de la exigencia de “invalidez” como de las “pruebas” de que en su contra (y de nadie más: de guaje pide se invalide el titipuchal de cargos de elección ganados por el Frente Progresista) operó una delirante maquinaria de compra de votos, anticipa lo que hará el lopezobradorismo durante los próximos seis años.

Se conoce como la estrategia del cuchillito de palo, que nada corta, pero bien que chinga.

 Ciro Gómez Leyvaq/mileniodiario

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