Una denuncia contra la esposa del alcalde de Buenos Aires recuerda el drama de 1,8 millones de latinoamericanos esclavos

Por: Alejandro Rebossio

Una denuncia este miércoles contra la esposa del alcalde de Buenos Aires, el conservador Mauricio Macri, por presunto trabajo esclavo en un negocio familiar actualiza el debate sobre cómo puede ser que semejantes condiciones de sometimiento subsistan en Latinoamérica. El mes pasado, un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) denunciaba que 1,8 millones de latinoamericanos son esclavos. Representan el 9% del total mundial. La región solo es superada en cantidad de esclavos por Asia-Pacífico y África.

La noticia de este miércoles se originó a partir de una denuncia penal de la cooperativa La Alameda, una ONG que nació hace diez años, en medio de la crisis argentina, y que se dedica a rescatar a trabajadores esclavos, tanto en la industria textil o la agricultura como en la prostitución. De hecho, el año pasado denunció a uno de los ministros de la Corte Suprema de Argentina, el respetado jurista Eugenio Zaffaroni, por alquilar numerosos apartamentos a presuntos proxenetas. Aquella denuncia contra Zaffaroni provocó el disgusto del kirchnerismo, muy cercano al juez.

Pero La Alameda no distingue banderías políticas y ahora se ha metido con Macri. Grabó una cámara oculta en un taller textil clandestino donde se fabrica la marca de ropa infantil Cheeky, propiedad de Daniel Awada, cuñado del alcalde, y su socia Patricia Fraccione. La Alameda asegura que la esposa de Macri, Juliana Awada, dirige la empresa. Un reciente artículo en el periódico La Nación contaba en abril pasado que Juliana Awada trabajaba en Cheeky, Como quieres que te quiera (otra marca de su hermano) y Awada (que le pertenece a ella). Pero fuentes del ayuntamiento porteño afirmaron a El País que ella no es dueña de la compañía de ropa infantil.

Cheeky manifestó este miércoles que Juliana Awada “nunca integró la empresa”. Pero también reconoció la relación con el taller denunciado. Informó que, “respecto de la denuncia realizada por La Alameda” y, “de acuerdo con su procedimiento habitual, ha resuelto suspender inmediatamente la relación comercial con este taller hasta tanto se esclarezca su situación”. El problema de Cheeky radica en que la ley pena no solo a las fábricas clandestinas sino también a las compañías que los contraten para producir su ropa.

La Alameda denunció que en un taller del barrio porteño de Mataderos trabajaban hacinados unos 13 bolivianos, varios de ellos inmigrantes ilegales, en jornadas laborales que se extendían de las 7 a las 22. Tenían una nómina de 316 euros mensuales, menor al salario mínimo legal, pero además estaban encerrados todo el día. Solo podían salir a la calle si pedían permiso y debían volver rápido. Además debían mantener sus objetos personales en el taller, como garantía de que no escaparían. Los obreros dormían en literas dispuestas en cuartos pequeños. En las mismas camas comían. Allí vivían con algunos de sus hijos. La casa disponía de un solo aseo.

Tres de cada 1.000 latinoamericanos sufren el trabajo esclavo en el siglo XXI, pese a que ha sido abolido por las leyes en el XIX. La propia OIT admite que se trata de un cálculo conservador. La proporción cada mil habitantes es mayor en Europa Oriental, África, Oriente Medio y Asia-Pacífico que en Latinoamérica.

La esclavitud en el mundo afecta más a las mujeres, incluidas las menores de 18 años, que a los varones. La inmensa mayoría son explotados en la economía privada, ya sea por empresas o individuos. Un poco menos de la mitad son trabajadores inmigrantes, y muchos de ellos son explotados en la prostitución. También existe el trabajo forzoso en la construcción y el empleo doméstico.

En Latinoamérica, campesinos e indígenas son víctimas del trabajo forzoso. Brasil es uno de los países más afectados por este flagelo. Entre 1995 y 2011 unos 41.000 brasileños fueron liberados de la esclavitud en inspecciones del Ministerio de TrabajoRecientemente la Cámara de Diputados aprobó una ley para confiscar las tierras de explotadores laborales, pero aún falta la sanción del Senado.

También se denuncia trabajo esclavo en Perú, Bolivia, Colombia, MéxicoParaguay y Cuba. Invito a los lectores a aportar más datos y denuncias sobre trabajo esclavo en Latinoamérica.

http://blogs.elpais.com/eco-americano

Deja un comentario