¿Tan difícil es salir y decir que no gané?

¿Tan difícil es salir y decir que no gané?

¿Admitir —o no— la realidad de las cosas cambia, justamente, las cosas? ¿Rechazar las evidencias te lleva a que dejen de ser evidentes? ¿No aceptar un hecho transforma la esencia de ese mismo hecho?

Estas preguntas se refieren, todas ellas, al proceso de aceptación. Estamos hablando de un mecanismo aprendido en algún momento de la vida en el que, confrontado el individuo a un mundo exterior de acontecimientos incontrolables, se tiene que adaptar a las circunstancias, de manera tan forzosa como inevitable, para poder seguir tramitando con eficacia las adversidades de la existencia.

Sabemos del mocoso berrinchudo que, al perder, avienta el tablero del juego y deja furiosamente la mesa donde, momentos antes, se divertía con sus amiguitos. Los niños pequeños son, en ese sentido, unos auténticos tiranos que responden con una rabieta devastadora a la más mínima dosis de frustración, seres demandantes que reclaman iracundamente su comida y personajitos cuyas exigencias deben ser satisfechas en el momento mismo en que son expresadas, sin demora alguna posible.

Curiosamente, en el perfil del tiranuelo adulto persisten estos rasgos de la infancia temprana: el caudillo exhibe la incapacidad permanente de acomodarse a las voluntades ajenas, una raquítica disposición a aceptar la adversidad y, a partir de la imagen sobrevalorada que tiene de él mismo y de los derechos especiales que se arroga, una crónica resistencia a reconocer a los demás como iguales, a otorgarles la condición de verdaderos interlocutores y a concederles los mismos derechos. De ahí que el primer movimiento de su estrategia sea la descalificación absoluta del otro para despojarlo de cualquier legitimidad y, entonces, negarle las prerrogativas que hubiera podido merecer en algún momento. ¿Qué derechos puede reclamar, por ejemplo, un “espurio”?

Anteayer, todos los ciudadanos de este país fuimos informados de unos resultados electorales incuestionables. ¿Tan difícil es, para uno de los contendientes, salir a la calle y reconocerlos?

Román Revueltas Retes/mileniodiario

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