Si no me adivinas es que no me amas

Si no me adivinas es que no me amas

Los novios o los recién casados creen ir muy bien hasta que ocurre el primero de los grandes desencuentros de la pareja: uno de los dos pretende que el otro adivine sus necesidades, es decir, que intervenga de manera anticipada para resolver o solventar o satisfacer una demanda que, miren ustedes, no ha sido siquiera explicitada. Y, ¿por qué debiera el cónyuge o el compañero ejecutar espontáneamente este ejercicio de adivinación? Ah, pues por amor, por puro amor.

O sea, el simple hecho de que haya ocurrido la declaración, en algún momento obligadamente romántico (y al que se le ha dado posterior seguimiento bajo el esquema de un compromiso formal), de que fulano ama a mengana o de que perengana adora a zutano, implica, según parece, un conocimiento tal de la interioridad del otro —y, desde luego, una natural disposición a atender sus posibles exigencias— que ya no se considera necesario explicitar ninguna reivindicación: el príncipe azul acude solícito en el momento mismo en que percibe el malestar de la princesa consorte o la bella durmiente interrumpe jubilosamente su sueño para atender las necesidades no formuladas de su señor. Y todo esto, lo repito, porque se aman.

Pues bien, lo que termina ocurriendo en la realidad real es que uno de los dos —ya sea porque ha comenzado a instalarse en su disco duro el virus del desinterés o porque la comodidad de la inacción prima sobre el fastidio de la intervención o, simplemente, porque no se enteró— deja de actuar cuando lo que se espera, por el contrario, es que intervenga, que participe y, sobre todo, que solucione. Y ahí es donde el infractor, confrontado a los automáticos reproches de quien no se sintió oportunamente rescatado— comienza a padecer los tormentos de una culpa que, hábilmente promovida por la parte agraviada, termina por contaminar fatalmente la relación.

No todas las parejas funcionan así, naturalmente, pero el esquema es bastante común; mucho más frecuente, en todo caso, que nuestra disposición al diálogo.

Román Revueltas Retes/mileniodiario

La pintura la saqué de aquí: http://paticoarte.fotosblogue.com

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